Últimos kilómetros en Uganda

7.542K corridos, 835 días viajando

Aunque por Jinja ya había pasado, y tenido algún incidente no muy positivo (no te pierdas Una historia desagradable), no pude resistir la oferta de Ibrah: me invitó a ver el cole que dirigía, dedicado a la enseñanza de baile, música e inglés, en los alrededores de la city. Además, me ofreció quedarme a dormir en casa de su hermana Ritah (prometía ser una experiencia 100% local, ¡fantástico!).

Llegué y, aunque me pasa pocas veces, desconfié de la persona que me había invitado. La justificación es que estuve esperando a Ibrah en el mismo Jinja para que me llevara a casa de su hermana, y además de venir acompañado por un compi suyo, cuando llegamos al pueblo no estaba claro que supiera dónde vivía Ritah. Estaba anocheciendo, y yo me ví con mi mochilón, en un suburbio a las afueras y dos chicos a los que apenas conocía que me insistían en que esperara. ¡No fue desde luego una espera agradable! Y justo cuando les estaba explicando que me iba a dormir a un hostel de la ciudad y que ya hablaríamos al día siguiente, ¡apareció Ritah! ¡Menos mal!

Bailando en Yimusa MinisteriesBailando en Yimusa Ministeries

Pasamos la noche y al día siguiente me acerqué al cole. ¡Menudo recibimiento me tenían preparado los chavales! Bailes, cantos, juegos… ¡Todo el repertorio! Y por supuesto, acabé bailando con ellos. El cole que dirige Ibrah, Yimusa Ministeries, se dedica a enseñar a los niños (casi 100 de un pueblo cercano a Jinja) música, baile e inglés. ¡Y no faltan los juegos! Los niños acuden después de su jornada lectiva normal para evitar estar en sus casas, dónde la mayor parte de las veces los hacen trabajar o en el peor de los casos abusan de ellos. Es un alivio que puedan ir a un sitio como el de Ibrah, donde relacionarse con otros críos y jugar 🙂

Después de mi experiencia local por allí, partí rumbo a un sitio de ensueño al que de nuevo me habían invitado a cambio de publi en mi perfil de Instagram: Seranda Eco Resort. El hotel, literalmente encima del lago Victoria, prometía ser un remanso de paz y tranquilidad: me alojé allí en exclusiva y acompañada de Nikolas y Harriet (nieto y abuela, los propietarios del resort).

Canoa entre papirosCanoa entre papiros

Tuvé allí una complicada agenda: hicimos en dos días todo lo posible. Tocó canoa por el lago entre papiros, trekking a la montaña próxima, fogata al lado del lago ¡e incluso plantar un árbol! Hice todo lo que se podía y probé platos deliciosos (como la tilapia).

Plantando un árbolPlantando un árbol

Y seguí mi viaje, en barca destino Kampala dónde había quedado con Lillian (que tal vez te suene de La capi de Uganda). El plan era que ella, su hijo Josusa y una amiga íbamos a Kasese, a ver a Eddie, otro HHH que conocía del día que estuve corriendo con ellos. Tras una hora de demora para llegar a la estación de buses (ya ves, me he acostumbrado rápidamente al horario africano) y un viaje de 8h, conseguimos llegar a destino, donde nos esperaba Eddie.

La agenda de Eddie también se tornó completita: en primer lugar nos fuimos de bares nada más llegar. Al día siguiente, a pesar del esfuerzo que supuso 😉 fuimos corriendo a un sitio de aguas termales, con un río precioso dónde meter los pies. Para desayunar, además del katogo que Lillian preparó (hizo eso y limpió toda la casa, incluídas mis zapas), me atreví a hacerles tortilla de patata (quedó bastante decente esta vez, casi como la última que la puedes recordar en Titicaca y Cuzco: dos imprescindibles en Peru).

Hot Spring KaseseAguas termales en Kasesse

Por la tarde nos acercamos al Rwenzonri National Park a pasear, y cuando yo había desistido de la idea porque me querían cobrar 35USD, Lillian consiguió convecer al guarda-guía del parque para que me dejaran pasar a precio local. ¡Qué puntazo! Porque a pesar de que ya había pateado por los alrededores con Lea (Siguiendo el recorrido en Uganda es el post que tiene los detalles), la experiencia puertas adentro es genial: ¡pura jungla y bosque!

Caminando por Rwenzori National ParkCaminando por Rwenzori National Park

Esos días en Kasese fueron una experiencia 100% local (ojo que acabé cocinando hasta chapatis con Eddie y bajo la supervisión de Lillian) antes de partir de nuevo con la mochila a otros lugares: ¡próximo destino Kenya!

Con Lillian, Josua y EddieCon Lillian, Josua y Eddie

2 thoughts on “Últimos kilómetros en Uganda”

  1. ¡Pues menos mal que cuando te pones a cocinar te da por las tortillas de patata! Mira que si te tirase la vena valenciana y quisieras preparar paellas…
    Oye: deberías hacer un listado de platos que vas aprendiendo por el mundo que corres: “recetario oido-oreja(y ojos) por el mundo”. Otra guía para apuntar sería la de “transportes locales por el mundo” (además de esas piernas largas largas…)

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  2. Tu abuela opina lo mismo.
    Dice:- “a mi un libro de cocina me encantaría”
    Y yo apoyo también la moción.
    Seguro que tiene mucho éxito.
    Beso

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