Una montaña rusa de sensaciones

Cuarta semana

En cuarentena

La situación en las casas de los españoles seguía similar a la semana anterior, pese a ser Semana Santa, y la dinámica era parecida (como la de las noticias de la tele): pese a que los números subían, se felicitaban por no hacerlo a mayor ritmo (gracias al esfuerzo de todo el que cumplía las normas), se daban las gracias al personal sanitario por toda su labor (aplaudiendo a las 20h entre los vecinos) y se amedrentaba a los desobedientes con ejemplos de gente irresponsable que no respetaba la cuarentena (mediante vídeos de gente huyendo de la policía o de atascos).

Los ánimos de la gente también eran similares a la semana anterior, aunque iban desgastándose poco a poco, y en lo único que se notaba que era Semana Santa es que en  las recetas que rulaban por los grupos de Whatsapp predominaban las torrijas.

En cuanto a los números, en España el domingo las cifras se situaron en casi 89.000 infectados y más de 18.0000 muertes. Pese a que los números seguían subiendo, no lo hacían al mismo ritmo (lo cuál era un alivio).

En el exilio

¡En Thai la situación revertía! Pese a no saberse la fiabilidad de los datos al 100%, ver que el número de infectados pasaba de 1.300 la semana pasada a 1.200 era un avance, a pesar de que las muertes ascendiesen a 41 (datos a 12.04.2020).

Pero mis ánimos cada vez eran más dispares: había días que me levantaba llena de energy y dándo gracias por mi rutina privilegiada (playa, deporte, cocina y lectura), y días en los que me sentía  claustrofóbicamente encerrada en la isla y se me hacía muy cuesta arriba estar parada en lugar de viajando. ¿De qué dependían esos cambios? Pues como siempre había sucedido en mí y en mi vida antes de viajar, de muchos factores (como el clima, nivel de actividad o chorradas que me sucedían) y de ningún detonante en concreto. De todos modos, al ser ésto de los cambios un viejo conocido, empleaba mis mejores técnicas ya dominadas para contrarrestar el subeybaja: deporte, mindfulness, dulces y cerveza. Todos en su justa medida suelen ayudar, pero ojo, que si te pasas de alguno (en especial de los últimos), las consecuencias pueden ser qué en vez de suavizar se haga la bola más grande 😉

A todo esto yo seguía trabajando en mis redes sociales y en mi blog lo que podía (que ya tenía frito el cerebro de describir cosas rutinarias), e incluso me llamaron para preparar a algún directo. No era todo malo 🙂 ¡Pero ojalá se pasase ya cuanto antes!

Dando la vuelta al mundo corriendo

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