CDMX

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Ya se acabó decir que no me gustan las ciudades grandes: ¡me encantan y me lo paso fenomenal en ellas! Y especialmente en las monumentales: Ciudad de Mexico cuenta con 21M de habitantes.

¡Vivan las grandes ciudades!

Aunque la llegada no fue precisamente gloriosa: jarreaba en la city y el bus desde Puebla no nos dejó particularmente céntricos. Pero llegué al hostel, Ciudad MX Alameda, y tuvieron el detallazo de hacerme precio por 3 noches.

El hostel no podía ser más animado: tenía capacidad para 160 personas, unos ambientes molones y una azotea que atraía no sólo a los huéspedes: venía gente solo a tomar chelas. Como vino mi amigo Kike, a quien conoces de La costa del Pacífico. Pero él lo hizo porque quedó conmigo a contarme sus aventuras desde que nos separamos 😉

Corrí por el Bosque del Chapultepec, una maravilla de pulmón de la ciudad con dos lagos al que los mexicanos acuden a hacer deporte. Cuenta con el Museo Arqueológico en su corazón, al que pretendí entrar a mitad de entreno. Pero, como casi todas las cosas buenas, se hizo esperar, y no fue hasta un par de días más tarde, acompañada de Daniel (buen amigo de una tía mía) cuando se dejó visitar.

Con Daniel quedé el primer día en el Zócalo (la plaza central en el casco histórico de la ciudad), y me costó un par de explicaciones y de fotos darme cuenta de la súper suerte que había tenido al encontrármelo: ¡era todo un erudito en cultura mexicana con ganas de explicarme cosas! Y tras trillarnos el centro (con limpieza maya incluída) y el Parque de la Alameda, nos fuimos a aplacar la sed en El Museo del Pulque. ¡La primera vez que pisaba una pulquería, y yo que me lo quería perder! El pulque es una bebida procedente del maguey (ágave), con una baja graduación de alcohol y de sabor ácido, pero que combiando con otras esencias (como frutas o incluso cacahuates, como dicen por aquí) resulta deliciosa.

Probando el pulque

Mi tercer día en la capi contó como día en blanco: lo pasé en la cama con dolores de barriga. ¡No me pasaba desde mis tiempos en Asia, concretamente en Myanmar (no te pierdas Thabarwa: come, reza, ama)!

Pero el último lo aproveché estupendamente, de nuevo con Daniel. Fuimos en primer lugar al Museo Arqueológico, que a pesar de poder abrumarme por su extensión (mira que no soy mucho de museos), no se me hizo pesado gracias a en primer lugar la segunda limpieza maya 😉 y luego a las explicaciones de Daniel, a los jardines con cactus con los que cuenta, y a que hay una sección de monos (siempre me ha interesado eso del hombre prehistórico).

Después pasamos por la Plaza Garibaldi y comimos en el Mercado de San Camilito (aún me estoy lamentando por esas salsas con pinta de muy picositas que no probé por culpa de mi tripa) y terminamos paseando por el barrio de Coyoacán, famoso por haber sido la residencia de Hernán Cortés, Frida Calo y Diego Rivera (en diferente época). ¡El barrio me encantó, así como CDMX, asique espero volver pronto por ahí, que me debí al menos un día!

Con Daniel visitando CDMX

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