Category Archives: Thailand

Cierro capítulo :S pero no libro ;)

2.371K corridos, 300 días viajando

Particularmente no me gustan las despedidas ni cerrar las cosas, ¡pero a veces es lo que toca! Ahí va la mía, aunque no es un adiós si no un hasta luego.

Me despido de mis 34 (mi cumple fue el 1 de agosto) y de ser de senior para competir. Gracias porque he conseguido en este tiempo innumerables trofeos, aún siendo la categoría más amplia que hay (normalmente entre 18 y 34) y he disfrutado muchísimo de correr este tiempo.

Me despido de Mae Hong Son, de Tailandia, de Asia y del viaje. Ha sido una experiencia increíble, y éstos últimos 5 meses en especial, en los que el mundo ha estado patas arriba yo he vivido un confinamiento de cuento: primero en playas paradisíacas y luego pedaleando por todo el país. ¡Qué suerte!

Me despido de Ferran. Hemos pasado juntos un tiempo genial, desde que coincidimos en Myanmar hasta que cogí el bus Mae Hong Son – Bangkok. Además de dar gracias por ello, y de ser consciente de la suerte que hemos tenido al conocernos, me grabo en la memoria de los mejores momentos que he tenido en el viaje: ¡qué bueno habernos conocido!

Pero ésto es el final de un capítulo, no del libro: ¡veteranas preparaos que os voy a dar guerra, que con 35 estoy hecha una jabata! ¡Viaje (¿y por qué no Asia?), ésto no ha acabado, que es un break y en septiembre estoy de nuevo con la mochila a la espalda! Y Ferran, estoy segura de que no es la última vez que apareces en mi blog 😉

La cascada más bonita de todo Thailand

2.343K corridos, 298 días viajando

De Pai salimos un día nublado, perfecto para afrontar las etapas que nos quedaban pedaleando: dos a Mae Hong Son. ¡Lástima que paráramos a desayunar en Two Sisters, el mejor bar de todo Pai (entre otras cosas porque te regalan un buen plato de fruta), y que su dueño birmano nos convenciera para que en lugar de dos hiciéramos tres y pasáramos por Ban Rak Thai! Pero esque somos muy fáciles de convencer, y sobre todo con la promesa de encontrar un entorno con naturaleza espectacular…

La ruta del primer día, no sé si por la falta de costumbre (al fin y al cabo fueron 10 días “pairados”) o porque la ruta fue tremendamente dura para una bici como la nuestra (49K, 1125+) pero ¡se me hizo eterna! Llegamos por fin a nuestro destino, Lod Cave, un complejo de cuevas de las que pudimos visitar la principal y gratuítamente por eso de llegar cuando estaba cerrada al público. La cueva es enorme: tiene un recorrido de Como 20 minutos andando por dentro de ella, y hay incluso opción de recorrerla en kayak. Además, cortesía del guardia encargado de cuidarla por la noche, pudimos plantar la tienda ahí, bajo un techado y al lado de los baños.

Lod cave

El día siguiente, pese a la grata sorpresa de casi el final, fue todavía más rompepiernas: 83K, 2275+. ¡Empujamos la bici en incontables ocasiones! Pero llegamos a la cascada, a mi parecer más bonita de Tailandia: Pha Suea Waterfall. De nuevo, llegamos tarde para pagar (¡vaya!), pero las vistas, las fotos y el chapuzón (no permitido, por supuesto) no nos lo quitó nadie. Y menos mal que nos bañamos, porque ese día, tras la cascada, nos quedaba un puerto de unos 10K que hicimos penosamente: tardamos tanto que llegamos al primer monasterio que no’s encontramos más tarde de las 9 (bien entrada la noche), asique tuvimos que plantar la tienda sin siquiera pedir permiso.

La última etapa en bici fue por una carretera preciosa: ruta muy bonita como fin del tour ciclista (para mí, no para Ferran, que seguirá dándole a la rueda). Pasamos por Ban Rak Thai, un pueblo cercano a la frontera con Myanmar y ambientado como poblado chino (pero esta vez no me disfracé). Luego llegamos a Mae Hong Son bastante machacados, más que por la ruta en sí, por el palizón que llevábamos encima. ¡Qué buen fin de fiesta, me despido de la bici muy contenta pero sin ganas de cogerla en una temporadita!

Dos nuevas experiencias: espectáculo con fuego y setas :)

2.315K corridos, 297 días viajando

En el Paradise backpackers organizaban los domingos un espectáculo de fuego por la noche, que pese a costar 100THB nos habían recomendado mucho. Cuando entramos por la puerta y sólo nos cobraron 50THB por cabeza nos pusimos muy contentos, ¡la verdad es que no íbamos muy convencidos!

Vimos el escenario iluminado al fondo (¡escenario y todo!) y a los malabaristas ensayando con luces. Pero cuando empezó… ¡Guauuuuuuu! Era un circo en toda regla, con al menos 5 números y más de 20 artistas participando: bailarinas con antorchas, malabaristas con pelotas de fuego e incluso uno que la función la hacía subido a una rueda eléctrica. Además de aplaudir hasta desgastarnos las manos, dejamos los otros 50THB de propina, ¡porque de verdad el trabajo de los artistas lo merecían! Más tarde nos enteramos que mucha gente trabaja en el circo va a Pai a practicar, y es por eso por lo que Los espectáculos de este tipo son tan buenos.

Otro día en Pai comimos setas. La tarea se propuso ardua al principio, no por masticarlas (que también) si no por conseguirlas: compramos primero un paquetito a una señora que nos recomendaron y estaba por la carretera vendiendo, pero fue un fracaso: no sé si es porque compartimos la ración o por qué, pero el caso es que no nos subieron nada (menos mal que habíamos regateado). Nuestro segundo proveedor nos vendió setas frescas y el tío nos dijo qué volviéramos a contarle la experiencia. A modo de regateo, le ofreciomos todo lo que llevábamos en la cartera (menos de lo que él nos pedía), y aceptó sonriendo: creo que estaba disfrutando sólo con saber el viaje que nos iba a pegar.

Y así fue: al día siguiente tranquilamente en el Paitopia sin haber comido en las dos últimas horas, nos las empujamos con chocolate negro. No tardaron mucho en hacer efecto… La naturaleza, las nubes, todo empezó a coger un color súper intenso. Las alucinaciones más fuertes fueron en la tumbona, dónde colores y formas se mezclaban y yo veía pixelado. Además el tiempo se difuminaba: no sabías si había estado allí horas, días o meses. Después en la habitación (moverse fue complicado, porque era como estar borrachísima), el efecto no sé pasó hasta mucho después (12h), a pesar de haber comido y bebido. Las experiencias sensoriales como tocar algo suave o algo elástico eran estupendas, e incluso mi voz recuerdo me sonaba diferente. ¡Recomiendo a todo el mundo, aunque sea una vez en la vida, probarlas!

Relaxing Pai

2.315K corridos, 291 días viajando

La vida en Pai fue muy relajada: correr por unos alrededores brutales y tumbarme al sol de mi querido Paitopia fueron mi día a día. La piscina, aunque algo verdosa era maravillosa: ¡esque salir de la cama (o volver de correr) y zambullirte en el agua no tiene precio!

También hice otras actividades molonas, a destacar:

  • Trekking por el Pai Canyon. Por si fuera poco, el pueblo cuenta con un río que a su vez tiene un cañón, y aunque no es el de Colorado, mereció la pena verlo y zospar por allí.
  • Subir al buda blanco. No conté los escalones, pero creo que corriendo no me los subiría más de 10 veces 😉 Eso sí, pese al cartel de que cerraban a las 18h, pude ver (por supuesto, porque incumplí), uno de los atardeceres más bonitos del norte del país 🙂
  • Disfrazarme en el poblado chino. Ban Santichon está a unos 5K de Pai, y además de disfrutar pedaleando hasta allí (y sudar, que aquí el calor aprieta) y ver un poblado chino ambientado como si fuera un parque temático, alquilé un disfraz y ¡me hice unas 200 fotos! Esque me estoy convirtiendo en toda una Instagramer 🙂
  • Baliar libremente. Una de las actividades a las que fuimos fue a un ejercico de “Estatic Dance”, porque así la sauna del hostel donde la impartían nos salía a mitad de precio (recordemos que nos sobra el tiempo, no el dinero). Consistió en hacer 2h lo que te diera la gana (eso sí siempre en movimiento). Sospechamos al final que todos los que acudieron al evento lo hicieron hasta arriba de drogas varias… Hecho que pudimos corroborar en la sauna con todos los participantes (al final, todos íbamos por el barato que nos hacían).
  • Movie night. ¡Hacía mucho (¿desde India?) que no hacían cine en algún hostel de los de alrededor! La peli no muy buena, pero el espacio y el ambiente fenómeno 😉
  • Cruzar diversos puentes: el Memorial Bridge y el Bamboo Bridge. Ambos están en los alrededores de Pai, y merece la pena la excursión por las vistas, además de por los puentes que cruzas 😉

Además de todas estas experiencias, queda una importante: ¡probar las setas! Pero eso, si lo hago 😉 creo dará para un post en sí mismo 🙂

From Chiang Mai to Pai bike trip

2.253K corridos, 286 días viajando

De Chiang Mai me quedó muy buen recuerdo de correr alrededor de la city, por la muralla y el río que la rodeaban. Dos vueltas al atardecer con otros corredores, entrando a ver que se cocía en el Buak Had Park (clases de aerobic, gente paseando y muchos aficionados al Chinlone, un juego traído de Myanmar que consiste en pasarse una bola hueca hecha de bambú sin que toque el suelo) fueron mi rutina de esos días. Además, también tuve la suerte de disfrutar de una piscina en un hotel del centro de la ciudad, qué además de ser gratuíta (para clientes supongo), estaba genial cuidada 🙂 Y para culminar la experiencia, cenar en mercadillos nocturnos o tomar una cerveza en la muralla fueron también actividades que me hacen que el recuerdo de Chiang Mai sea muy agradable.

Piscina “gratuíta” de Chiang Mai

La ruta de bici desde Chiang Mai a Pai obligaba a hacer noche de camino, más que por los kilómetros (128K), por el desnivel acumulado (1110+). ¡Prometía ser divertida!

Bici qué encontramos en ruta

El primer día, después de mucho remolonear salimos a las 12 con calor, aunque tuvimos la suerte de que el desnivel más potente (ejem, el de empujar la bici) nos llegase al final, justo al atardecer cuando la temperatura relajaba un poco. Ahí ya se iba decidiendo el podio de la etapa: Ferran llegaba tan sobrado que era capaz de grabarme a mi, al paisaje y a los animales mientras me esperaba. ¡Pero esque su bici tiene dos marchas más que la mía (8 vs. 6) y eso quiere decir que un piñón más grande y que le toca empujar menos! Ese día apuramos e hicimos noche en un monasterio cuando ya el sol se había escondido.

Al día siguiente salimos bastante mejor de hora: a las 9, aunque a las 7.30 estábamos en pie (seguimos siendo lentitos a la hora de preparar las alforjas y recoger la tienda), asique la etapa, aunque durísima se dio bastante bien: llegamos alredor de las 17h a un bar a 8K de Pai, en donde caímos rendidos ante “el mejor Pad Thai de todo Thai” según la simpática dueña, Mama Su. Allí conocimos a Rick, holandés con ganas de amigos con quien intercambiamos teléfonos (seguro volvemos a ver), y a eso de las 19h, habiéndo descansado al menos dos horas 😉 terminamos la etapa en nuestro súperhostel: por 170THB teníamos bungalow, piscina, ping-pong, billar y bar. ¡Creo que este sitio nos va a atrapar casi tanto como la isla de Ko Kut!

Doi Inthanon experience

2.225K corridos, 280 días viajando

Ya en Chiang Mai uno de los planes que quise hacer fue subir al Doi Inthanon, el pico más alto de Tailandia (2.565m). Era viejo conocido, porque hacía un par de años habíamos hecho cumbre allí mi hermana Jimena y yo.

Pero esta vez busqué algo más alternativo, ya que recordé que la vez anterior, pese a los nervios de Jimena (que apenas durmió y desayunó como si no hubiera mañana), nos llevaron en jeep hasta un punto y luego “paseamos” hasta la cumbre. No fue nada complicado e, incluso para nuestro gusto, demasiado facilón: ¡hasta había compis de la expedición que iban con chanclas! Asique decidí que iríamos en scooter (76K) hasta Ban Khun Wan, allí dejaríamos la moto y tomaríamos una senda marcada en maps.me hasta la cima (6K, 1085+), y luego vuelta por el mismo camino. ¡Plan perfecto, porque además nos ahorraríamos los 300THB que costaba la entrada al parque nacional porque accedíamos por detrás!

Cuando llegamos, que costó lo suyo no ya por haber rebuscado en todo Chiang Mai la moto más barata y por tanto poco potente, si no porque por de camino nos tuvimos que refugiar un par de veces de las lluvias monzónicas (lástima que mi religión me prohiba mirar las previsiones meteorológicas); aparcamos la moto y nos pusimos a caminar. ¡Yo estaba tan emocionada que no paraba de hacer fotos y revisaba que el Wikiloc fuera grabando correctamente la ruta, en aras de hacer un artículo que llamaría “Ruta alternativa y gratuíta para ascender el Doi Inthanon”!

Vistas en ruta

Conforme íbamos subiendo, el camino tornó a senda y la senda aparecía y desaparecía. Y desapareció. La vegetación se hizo más potente y exuberante y era incluso difícil ver el suelo. ¡Menos mal que Ferran abría camino y parecía tranquilo, porque yo estaba más que agobiada al no saber si era mejor deshacer lo andado (que parecía mala opción, además de por lo difícil que era, porque entre la maleza no creía fuesemos capaces de volver por nuestras huellas) o seguir hacia adelante en esa jungla (opción casi peor, porque el monte cada vez parecía más empinado y veíamos menos entre la vegetación).

En estas andábamos cuando se puso a llover, pero pasó como el camino: ¡cada vez peor! En un punto estábamos tan empapados que la ropa nos pesaba como si nos hubiéramos caído a una piscina vestidos. Mi móvil (para ver la ruta de maps.me) apenas atendía a mi dedo, bien porque no es acuático, o bien porque del frío y del agua las yemas de los dedos se me habían dormido. Pero seguimos… Ferran cada vez que veía por dónde iban sus pies gritaba “¡Veo el suelo!”, lo cuál en nuestra desesperación era un alivio. Además, había veces que la jungla aclaraba, lo cuál nos parecía también un avance indiscutible. El “problema” es que llevábamos 4h de marcha y según mi GPS no habíamos avanzado ni 2K. Y otro problemilla también eran las sanguijuelas: ¡ni con las mallas metidas por dentro de los calcetines lograba que no se me engancharan!

Decidimos probar suerte y seguir avanzando hasta el cruce con otro “camino”, y cuando llegamos y vimos que era una sendita balizada, ¡nos pusimos como locos de contentos, nos pareció que habíamos llegado a la mejor de las autopistas!

El risco que cumbramos (no confundir con Doi Inthanon)

Tuvimos mucha suerte de no pasar allí la noche. Por supuesto, no llegamos a la cumbre del Doi Ithanon (nos conformamos con coronar otro montículo de por ahí con camino visible desde donde estábamos). Y menos mal, porque al día siguiente Ferran leyó en el Bangkok Post que el parque nacional continuaba cerrado debido al Covid-19, ¡asique encima nos habría caído una multa!

¡Sobrevivimos!

“Ruta alternativa y gratuíta para ascender el Doi Inthanon” ha tornado a “Doi Inthanon experience”, eso sí en Wikiloc hemos inmortalizado nuestras andanzas (las fotos del principio son estupendas)  porque hasta la fecha, ha sido la experiencia más intensa que he vivido haciendo trekking, ¡sin menospreciar el Everest Base Camp!

https://www.wikiloc.com/hiking-trails/ban-khun-wang-52771682

Lampang: un oasis en medio de Thailand

2.210K corridos, 276 días viajando

Cuando mi bus llegó a Lampang, tuve la percepción de que iba a ser un sitio que me traería cosas positivas, a pesar de que bajé la bici del maletero, y además de haber perdido uno de los bidones, se me había salido la cadena. Cuando empecé a toquetearla, se me acercaron un par de tailandeses y sin mediar palabra (en inglés) ¡me la arreglaron!

Empecé entonces mi búsqueda de hostel como acostumbro: había marcado un par de ellos en maps.me (los más baratos según Booking.com) y allá que iba, a intentar rebajar el precio negociando con el propietario. Como habitualmente, me paré en uno qué me encontré por el camino no marcado, The Riverside Guesthouse, porque me engañó su nombre: cuando estaba entrando me di cuenta de que era un hotelazo en toda regla. Estaba justo dando media vuelta cuando salió la propietaria y me preguntó en su inglés con acento francés: ¿vosotros sois los que venís en bici desde Ko Kut? Claro, me quedé paralizada…

The Riverside Guesthouse

Entonces caí: ¡me había hablado de ella Zoe, otra francesa simpatiquísima (y propietaria de un estupendo resort) de la isla! Al explicarle los planes de recorrer el país en bici, me contó que tenía una amiga que llevaba un hotel (boutique) en Lampang. Claro que yo no presté demasiada atención dado que mi presupuesto no daba para hoteles (boutique)… ¡Hasta ese día! A Lorenza (la dueña) le hizo tanta ilusión qué hubiéramos llegado hasta allí que nos dejó la habitación al mismo precio que acostumbrábamos a pagar (menos de la mitad del precio de la habitación).

Vista desde el otro lado del río de The Riverside Guesthouse

¡Qué ilusión le hizo a Ferran cuándo llegó! Esque el sitio molaba muchísimo: decorado con mucho estilo y con un restaurante y zona para relajarse que daba al río. Además él vino lo hizo en bici desde Udon Thani, ¡un merecido descanso!

Lampang fue un oasis, además de por el alojamiento, por el encanto de la ciudad: una calle pegadita al río con casas de estilo colonial tailandesas (bajas y de madera oscura); locales modernos y apetecibles, y un paseo fluvial con graffities (de gallinas entre otras cosas). Además de recorrerme el paseo corriendo más de una vez 😉 pudimos cenar en mercadillos nocturnos, y poner a punto las bicis. Aumentamos la estancia más de lo esperado, y de no ser por no querer abusar de Lorenza, ¡aún estamos vagando por esa city!

 

¡Me encanta la vida nómada!

2.180K corridos, 272 días viajando

Estos días de descansar un poco de todo (tienda y bici) me han servido para centrar un poco mis pensamientos, que esaban revueltos.

Con las cosas que han pasado a miles de kilómetros (mi hermana Inés se dio una bofetada tremenda con la bici, mi abuela aún ingresada tras un ictus y mi madre lidiando con el estrés que le suponen ambas preocuplaciones) me han entrado unas ganas tremendas de pasarme por Madrid.

Estoy empezando a ser consciente de que esta vida nómada supone estar alejado físicamente de muchas de las personas que quieres, y a pesar del contacto virtual, hay veces que te apetece hacer un plan de los de antes, un abrazo o simplemente pasar la tarde con alguien a quién quieres.

El problema es que, a pesar de ser consciente de que parte de ti está lejos, cuando has descubierto que te gusta mucho mucho lo que haces, es muy difícil renunciar a ello.

¡A mi me encanta la vida nómada! Me siento super afortunada de poder estar aquí y ahora, y cada día que me despierto soy consciente de ello. Me gusta, en mayor o menor medida, todo lo que hago, y me siento muy libre decidiendo en todo momento lo que quiero hacer. Me mola un montón conocer sitios nuevos, correr rutas nuevas y descubrir que hay gente por el mundo que me despierta sentimientos también nuevos.

Es una súper suerte que haya decidido emprender este viaje, y qué haya tenido los medios (ya sea la valentía, las ganas o las pelas) para hacerlo… ¡Siento que es la mejor decisión qué he tomado! Además, me reconforta mucho pensar que si fuese consciente de que no me queda mucho tiempo de vida, ¡haría exactamente lo que estoy haciendo!

Entonces la reflexión esta vez ha terminado así: soy consciente de que tengo parte de mi en otro lugar, a pesar de que no quiero renunciar a mi vida actual. Pero eso no es malo, ¿no? Solo hay que encontrar el equilibrio: por ahora me sigue compensando vivir así, ¡voy a seguir haciéndolo! Y si echo por demás de menos a los míos… ¿Por qué no acercarme a ellos de vez en cuando?

Vacaciones de tienda y bici

2.165K corridos, 271 días viajando

Udon Thani me gustó mucho como ciudad: sitio grande, con locales modernos y unos lagos estupendos. Además, uno de ellos estaba rodeado por espacios verdes y convertido en parque (Nongprajac Public Park) y resultó ser el sitio de reunión de los deportistas: clases de aerobic, paseo para bicis y ¡senda para correr, más de 3K!Me pareció impresionante la de gente que vi dandole al running. Claro que, me calenté, y me piqué con una grupeta de corredores (los que más corrían de todo el parque), e hicimos juntos un par de vueltas (por debajo de 4.30, lo que me pareció ritmazo). Al día siguiente volví a buscarles a primera hora de la mañana, pero se conoce qué debí dejarlos reventados porque no vi a ninguno 😉

Por la tarde tocó pillar el bus dirección a Chiang Rai. Era un bus buenísimo, ¡con masaje y todo en el asiento! Claro, que lo pagué: necesitaba que me aseguraran que podía facturar la bici conmigo, que había quedado en Lampang tras unos días de vacas de pedalear de nuevo con Ferran para seguir dándole. La gestión de meter la bici en el bus fue divertida: se negó el conductor a que entrara la bici en su bus, pero la de la ventanilla de los tickets salió rápidamente a argumentar, y no sé si por su tamaño (era enorme) o por los gritos que dió, ganó claramente la disputa y el driver dócilmente metió la bici en su sitio 🙂

Chiang Rai me sorprendió gratamente: iba con la idea preconcebida de que sólo había que ver templos, pero la ciudad y los alrededores (con mucha naturaleza) son fantásticos para pasar unos días. Además el hostel (TT Hostel) que elegí por precio resultó también ser acierto, con desayuno occidental incluído.

Templo Azul en Chiang Rai

Esos días volví a viajar como solía: corrí mis 15K diarios 😉 y me dediqué al slow travel: ver una cosa por día (templos varios y cascadas) y pasar horas muertas debulando por la ciudad o leyendo en algún rincón (entre otras cosas la nueva guía que encontré en un hostel). ¡Cómo me gusta esta vida!

Cascada Khun Korn

Además, estaba en éstas de tomar algo en una terraza  y leer cuando pegué la hebra con una americana, Solane, con la que pude compartir excursiones a templos, trekking a cascadas, alguna cerveza y alguna cena improvisada. Claro que, la pobre sólo podía comer arroz, porque llevaba aproximadamente desde octubre cuando llegó a Tailandia a enseñar inglés, con dolores estomacales. ¡Espero que se mejore y nos veamos por aquí de nuevo, que temo le queda muuuuuuucho tiempo por Tailandia!

Últimas etapas a dos ruedas

2.121K corridos, 266 días viajando

Nakhom Panhom me encantó como ciudad: tenía un paseo fluvial fantástico, restaurantes modernos, y bastante gente animada. Por la mañana salí a correr desde mi hostel por el paseo, ¡y me encontré a un montón de gente haciendo deporte! Además, cuenta con un carril bici estupendo.

Carril bici de Nakhom Phanom

Desde Nakhom Phanom continuamos con el río pegadito un trozo de la siguiente etapa, porque nos desviamos al interior para poder ver unas cascadas, e incluso acampar en ellas. ¡Pero fue una pena, porque la más conocida (y bonita), That Pho, estaba cerrada a los turistas debido al (maldito) Covid-19! Aunque la segunda, también bonita 😉 la conseguimos ver… Pero imposible acampar allí (muy prohibido).

La cascada que se dejó ver

Al día siguiente nos acercamos a Phu Thok, “la montaña solitaria”, que era un risco en medio de la provincia acondicionado (vamos, con escaleras y pasarelas) para subir sus 350m. ¡Desde arriba las vistas fueron muy bonitas!

Continuamos camino, pero como esto del trekking nos moló, acampamos en un colegio (no tuvimos suerte esta vez con monasterios) cerca de otra senda para el día siguiente. La ruta, pese a que muy plana, ¡fue muy chula! Además tuvimos la suerte de que a mitad camino, cuando no podíamos avanzar más, nos encontramos un monasterio en el que nos dieron agua y un tailandés, que no hablaba ni palabra de inglés, nos hizo un tour por las instalaciones. ¡Ésto de vivir con tiempo es fenomenal para conocer las cosas desde dentro!

Lo que no moló tanto fue la noche: hubo tormenta monzónica y, a pesar de estar bajo techo, el agua entraba en la tienda y hubo que poner la capa de arriba… Eso y el tema de que parecía que íbamos a salir volando hizo que no pegaramos ojo. ¡Menos mal que al día siguiente, en Bueng Kan pillamos hostel un par de días! Además allí pude correr 🙂 por un lago en medio de la city y por el paseo fluvial. ¡Los lagos aquí están muy bien acondicionados para hacer deporte!

Desde allí marchamos por el río en dirección Nong Thai, e hicimos noche por el camino en un monasterio. Ésta vez nos alojaron en un interior que contaba con ventanas y nos dejaron hasta un ventilador… Menos mal, porque ¡de nuevo fueron lluvias monzónicas lo que cayeron! Pero en fin, fue la última noche de tienda, y no puedo decir que lo diga con pena 😉

Despidiendo al Mekong

Las últimas etapas las hicimos durmiendo en hostel: en Nong Thai y Udon Thani. Fueron bonitas pero duritas: ¡esque ya llevamos pedaleando 22 etapas! Nos despedimos además del Mekong en Nong Thai… Pero seguro que no es la última vez que nos vemos 😉