Category Archives: Blog

Podio nepalí

15K corridos, 3 días viajando

Cuando me levanté a las 5 de la mañana y con el cuerpo un poco tocadete del vuelo, lo hice contra pronóstico contenta, porque el día pintaba muy muy bien: carrerita con todo organizado (hasta nos llevaban y nos traían de Katmandú) y buen tiempo. ¿Qué más se puede pedir?

Entonces llegué al punto de encuentro del bus qué nos llevaría a Nagarkot, en un primer momento ví imposible encontrar a la gente de la carrera: había demasiada por allí. Sin embargo, a poco qué me fijé, ví qué había un grupo que no era fácil de despistar dado el outfit que llevaban… ¡¡Los trail runners somos inconfundibles!!

Después de esperar más de hora y cuarto al bus, nos vino a buscar una camioneta destartalada en la que la mitad de nosotros tuvieron que ir de pie (tuvieron porque yo pillé sitio, y pude incluso echarme una cabezadita). Llegamos un poco justos: ponernos el dorsal, visita al señor roca y decidir (mal como siempre) el atuendo, nos pusimos en la salida y ¡a correr!

Cuando empiezo a correr lo que pienso, además de echar cálculos (generalmente sencillos) de las que van por delante es que por qué cohones tengo qué hacer bien la carrera qué corro. Suelo encontrar un millón de excusas para perdonarme el no hacerlo. En este caso eran el jet lag, la altitud de la carrera (Nagarkot está a 2000 sobre el mar) el desnivel acumulado (1200+), y demás… Pero siempre cuando termino de repasarlas en mi cabeza, pienso qué son simplemente excusas (que usaré al final jajajajajaja si no van bien las cosas), pero que por ahora lo qué hay qué hacer es seguir corriendo porque ya en ese momento es cuando he terminado de calentar 🙂

La parte que viene ahora es la que más me gusta. Pasado el calentamiento (a todos nos cuesta arrancar) la sensación es buenísima: estoy con las piernas frescas, generalmente adelantando a gente, y empiezo a darme cuenta del entorno: naturaleza abrupta y senderos (técnicos porque el suelo estaba mojado)… ¡Eso pintaba estupendemente! En esos momentos siempre creo que se me va a quedar corta la carrera (y además soy consciente que siempre pienso lo mismo, y que luego no me sobran ni 100m, pero da igual, sigo pensándolo porque las piedras están para tropezarse con ellas todas las veces posible). En estas, en las mieles de la carrera, me puse en segundo puesto (de chicas, que soy buena pero no tanto). Fue un rato super guay porque además había errado en mis cálculos (como se nota que dejé hace mucho los números) y creía que iba cabeza de carrera.

Después, como seguía con buenas sensaciones (jajajjajaja eso quiere decir, entre nosotros que iba bastante cómoda), pues continué a mi parecer a muy buen ritmo… Cuando vi a lo lejos una figura que parecía ser una chica. Iba tan contenta que me aferré a pensar qué solo era un chico bajito… Un chico bajito con coleta… Un chico bajito con coleta y con constitución femenina. Cuando me enfrenté a la realidad de que era una chica (hay qué ver lo lejos qué llegamos aferrándonos a los pensamientos que nos convienen… La estupidez del ser humano no tiene límites), salí de mi zona de comfort y comodidad y me puse a correr un poquito más intensamente 😉

Fui detrás de ella in buen rato. La tía no andaba una cuesta y bajaba bien… Y además parecía dura. Mal asunto. Hubo un momento que lo ví claro, y le intenté pegar el cambio, pero no se dejó y eso nos cabreó a las dos, asique ala, a correr más. En esos momentos me viene la duda de si preguntar: oye por qué no volvemos al ritmo de antes, que total, nos va bien a las dos, ¿no? Pero bueno, será por el idioma 😉 pero no le dije nada. Seguimos dándole pero bien hasta que… Me bajó sensiblemente el ritmo y yo ¡respiré aliviada! Qué nooooo qué no hice eso jajajajajjajaja le cambié, claro 😉 y eso qué iba justa… Pero lo hice en el momento bueno, porque ví que era llano y cuesta abajo (lo que yo hago mejor). Pero la tía, ya os dugo qué era muy dura: no se me despegó. Me dió algo de esperanza el qué yo tratara de darle algo de charleta y me contestara muy escueta (claro, que más tarde entendí qué no hablaba ni papa de inglés, no que fuera justa).
Además entramos en un sendero técnico (bieeeeen, no por el sendero, jeje, qué yo no hago demasiado bien cosas técnicas), si no porque era tan estrecho qué no podía adelantarme. Ahí mandaba yo y bajé un poquito el ritmo… Empezaba a notar las patas un poco cansadas (yo creo que la altura estaba pasándome factura). En cuanto salimos de la vereda seguimos dándole caña: me empujaba mucho y yo no quería que me adelantara. En las cuestas no me perdonaba andar, y yo iba cada vez más justa… Hasta que llegó una cuesta que no aguanté y me puse a andar (cuando ya empiezo a valorar las consecuencias de que me pueda dar algo, que en este caso era que me pusiera en mi sitio la primera carrera nepalí, he aprendido que es tiempo de aflojar). Ella me adelantó sin piedad y corriendo.

Ya no pude cogerla… Y en cuanto se me escapó visualmente comencé a sentirme mejor (jejjejjeje, eso quiere decir que aflojé) y a volver a disfrutar de la carrera de otra manera. Entré segunda, muy contenta porque el podio hubiera sido muy bonito: dos chicas nepalís y yo… Porque no esperaron a los premios. ¡Pero a la siguiente seguro que esperan y que yo quedo entre ellas, que esa foto es mucho más guay!

La aventura empieza bien

0K corridos, 2 días viajando

Nada más llegar al aeropuerto, cargada con mi súper mochila y acompañada de mi hermana Inés y mi madre surgió la primera inconveniencia: ¡no me dejaban hacer el check in porque no tenía billete de vuelta! Tras convencer y prometer al chico qué me atendió que me compraría un “algo” en un transbordo, me sacó la tarjeta de embarque, y acto seguido, mientras tomaba mi última birra española, entre Inés y yo conseguimos sacarme un vuelito bien de precio Katmandú – Nueva Delhi para el 29 de Noviembre 😉

El vuelo fue sin contratiempos para mi… No para Enrique y Lara, sentados detrás mío y que dirigían sus pasos hacia Sidney para trabajar. Entre que no se conocían, los nervios del viaje, y qué han debido hacer un esfuerzo tan grande como yo para abandonar las copas (la cerveza en mi caso) concienciados del lujo que supone beber alcohol fuera de España, decidieron aprovechar la barra libre de Air India y en lugar de pasar el viaje durmiendo , se lo pasaron alegremente charlando y pimplando. El contratiempo no fue otro que no pegar ojo en el vuelo y hacer me temo la peor escala de su vida, mezcla de la reseca temprana y de que tenían una espera mínimo de 6 horas.

En ese momento también conocí a Rubén y a Claudia, el primero con un monopatín pegado a la maleta de mano (buen invento por cierto, en cuanto vuelva a Madrid tengo que patentar eso de ruedas en maleta) y ella recién salida de la universidad. Gracias a ellos pasé el transbordo entre risas, buena conversación y cabezazos, porque estábamos los 3 muy cansados. Además, Rubén hizo algún que otro video y me enseñó un poco a usar la cámara qué llevaba: él es experto porque se dedica a, de vez en cuando, viajar juntando surf, coches 4×4 y reciclaje… Extraña mezcla pero cierta, tiene incluso una marca, Troozoos, cuyo nombre se lo curraron mucho un amigo y él: lo pusieron un día en el after surf qué estaban hechos trozos (vamos, destrozados para los de fuera de su pueblo). Asique… El que cogiera mi vuelo fué milagroso, porque con lo bien que me lo estaba pasando, lo de pasar 12 horas más en el aire dirección Sidney con toda esta tropa me resultó cuanto menos tentador.

Y al llegar al aeropuerto de Katmandú, la sensación fue agridulce: por un lado constaté que me había pillado un vuelo del que luego no me pidieron cuentas y qué me habían perdido el rulo entre tantos aviones 🙁 pero se compensó gracias a las buenas vibraciones qué me dio ver el caos de ciudad en el qué me había metidoada más subirme en el taxi y empezar a ver el caos de ciudad en el qué me había metido 🙂

Hay un instante…

0K corridos, 0 días viajando

Hay un instante, el de justo de antes de tirarte de cabeza, en el que te puedes desequilibrar: el momento crítico. Ésto es real y es un hecho físico que ocurre justo cuando estás tomando impulso para saltar. Las consecuencias de no gestionar bien ese instante pueden acarrear consecuencias fatales: te podrías dar un planchazo. Pero esto ya es una cuestión de probabilidades que se pueden minimizar.

Lo mejor sería no ser consciente de ese instante: lo harías todo lo breve posible y te concentrarías en la técnica del salto. Sin embargo, ésto no siempre sucede así… Puede pasar que de la pura consciencia de lo que haces, en ese instante te dé miedo saltar.

A veces incluso cuando ya has flexionado las piernas, es cuando dudas y entra en juego el equilibrio. Te vences hacia delante, intentas no cambiar la postura de los pies y empiezas a ser consciente de que la hay dos opciones: o apoyas un pie atrás o saltas hacia adelante. El momento, en el que dudas y decides, pueden ser milésimas de segundo angustiosas.

Asique, si quieres saltar de cabeza, simplemente salta. Si por cualquier cosa en el momento crítico te viene un miedo aterrador, no dudes, flexiona las piernas… Sigue sin dudar, mirada al fondo de la piscina… Manos estiradas a los lados de la cabeza, de nuevo sin dudar (obvia incluso si estás temblando) y… SALTA!

No es más que otro salto de cabeza, y cada vez irás perfeccionando más la técnica. Al fin y al cabo sólo te estás jugando otro planchazo 🙂