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Zagreb: una capital con mucho encanto

2.746K corridos, 334 días viajando

Como suele pasarme, pensé que varias noches en Zagreb eran muchísimo tiempo para una city. Pero tampoco tenía claro si iba a estar 5 o más, dependía de mi paquetitos (esperaba uno de Premax, una marca de cremas australiana, y mi paquete de Holafly, del que ya os hablé en mi post AtraPagda).

Fué una súper alegría y un buen comienzo que al día siguiente de llegar, ¡ya recibí las dos cajitas! Asique por esa parte no tenía que preocuparme… Además, el sitio prometía: el hostel era buenísimo (Hostel Bureau) y la gente de por ahí hispanohablantes en su mayoría 😉 Hice buenas migas con un chileno, Rubén, con el que a partir de encontrarnos en la habitación, hicimos casi todos los planes (hasta corrió el último día) juntes.

El primer día, lluvioso, decidimos ir al Museum of Broken Relationships, un museo en el que exponen objetos donados que supuestamente se queda la otra parte (antes de donarlos) después de una ruptura; y tienen un cartelito con la explicación del objeto. Además, no siempre se trata de relaciones amorosas: hay filiales, de amistad o incluso relaciones con une misme. Habría muchos objetos que me llamaron la atención, pero particularmente me gustó un vestido de novia y sus zapatos, pero por la historia que tenía. Resumiendo, la chica (la dueña del vestido) había conocido a su pareja y, a pesar de que el entorno dudaba de el chico, acabó casándose con él a los 6 meses. Duraron poco menos que otros 6 de casades, porque acabó descubriendo que era falso todo lo que conocía de su amor: no tenía el trabajo que decía, estaba involucrado en mafias y drogas, y tenía una amante entre otros muchos datos oscuros. Pero el texto acaba diciéndo “pero yo el día de la boda, con ese vestido y esos zapatos me sentí espectacular”.

El vestido de novia y los zapatos que más me gustaron del museo

Otro día fuímos al Mercado Dole a pasar la mañana, con la excusa de que era barato comprar ahí (creo no mercamos más que medio kilo de uvas y 3 tomates). Lo mejor del plan: el cafetín al solete de después 🙂

Las tardes yo las pasaba haciendo mis últimos kilómetros corriendo en Croacia: otra de las cosas positivas de la city es la cantidad de parques que tiene. Además, a poco que te alejas, parece, por la vegetación (grandes árboles y caminos de tierra), que estás en el bosque. ¡Me encantaba correr por ahí! Pero no era yo la única: los locales se acercaban por las tardes a hacer algo de ejercicio o simplemente para pasear.

Parque en los alrededores de Zagreb

Y el día que a mi más me gustó fué cuando fuimos de trekking a Samobor. Samobor es un pueblo que está a 45 minutos en bus de Zagreb, y cuenta con un parque nacional. Cuando llegas, si sigues el río, te encuentras marcadas varias rutas, pero ¡ojo! que se te puede ir de las manos, como a nosotres, y acabar haciendo casi 25K 😉 Pero sino te quieres perder, puedes ver la ruta que hicimos en Wikiloc.

En fin, ha sido un gustazo y me quedo con muy buen sabor de boca de Croacia, y ¡espero tanto volver pronto como que no sea la última vez que coincido con Rubén!

Más romano que en Italia y otras contradiciones

2.672K corridos, 328 días viajando

Rijeka es el mayor puerto de Croatia y la tercera ciudad por número de habitantes del país. Pero además, ¡es una ciudad estupenda! Tiene un tamaño perfecto y unos alrededores fenomenales para correr o incluso hacer un trekking.

Una noche por allí me permitió conocer sus calles, plazas, puerto y caminos, ¡e incluso pude ir a un cine alternativo (y gratuíto) en el que los subtítulos estaban en inglés! Claro, que fue tan alternativo que no me enteré ni con subtítulos 🙂 Eso sí, mereció mucho la pena la experiencia porque la sala era antigua, con paredes y butacas granates y aterciopeladas, y ornamentación dorada. ¡Un auténtico cine de época croata!

Pula, por el contrario era una ciudad mucho más pequeña. Es la población más importante de Istria, provincia al noroeste del país y la más cercana a Italia. ¡Y vaya si recuerda a Italia! Nada más bajé del bus, pasé al lado de un anfiteatro romano muy bien iluminado ¡que poco tiene que envidiar al mismísimo Coliseo! Bueno eso o estaba muy cansada y aluciné un poco con lo que ví 😉

El anfiteatro de Pula

Mis sensaciones sin embargo fueron agridulces.

Por un lado, llegué a un hostel en el que me dieron la (dudosamente limpia) manta de la cama de al lado y en el que no había ni papel higiénico en el baño (reconozco que me he aburguesado, porque en Asia eso era la norma). Pero por otro lado, no me tuvo que disgustar tanto cuando amplié estancia y a final fueron 3 días los que pasé allí.

También por un lado, Mihail (otro de los huéspedes con el que compartía habitación de orígen bosnio) me pareció de lo más oscuro que me había encontrado hasta la fecha y no me hacía ninguna gracia compartir habitación sólo con él. Fumaba y olía mucho a tabaco, era de movimientos bruscos y su ropa y él mismo olían bastante fuerte. Por otro lado, como tuvo el gesto tremendamete amable de dejarme sus zapatillas de estar por casa, me arrepentí mucho de los prejuicios que había tenido con él.

En parte, quise ver rápido la ciudad (con las ruinas y el anfiteatro me di por satisfecha), pero por otra parte, no quise que acabara mi estancia por allí, en particular el primer día, porque conocí a Pablo (lingüista de profesión, polaco de nacionalidad y que venía de Alemania), con el que pude compartir un día que empezó con visita cultural por la city, siguió con irnos a correr al sur de la ciudad (a la península de Premantura) y terminó con una birra en el parque.

Por un lado, me llovió constantemente el segundo día de mi estancia por allí; pero por otro conocí un pueblo que se llama Rovinj ¡y es de lo más bonito del país!

En definitiva: sensaciones muy encontradas más de una vez. ¡Pero esque de eso se trata! ¿No?

AtraPagda

2.535K corridos, 325 días viajando

La isla de de Pag fue mi siguiente destino después de Sibenik, con una escala en Zadar para hacer noche (y correr). El bus, de hora y media, me introdujo los paisajes que vería en unos días adelante: piedra caliza por todas partes y en muchos sitios poca vegetación hacían del paisaje un sitio único (daba la impresión de estar en la luna).

El sitio donde me alojé, una casona a los pues de la playa, Casa La Cha Hostel & Bar fue por entonces lo mejor que ví en Croacia: jardín y cocina insuperables, y una decoración acertada y moderna. Además, el hecho de estar sóla en una cómoda habitación de 4, con terraza y vistas al mar, hicieron que mis días por allí fueran de lo más cómodos. ¡Menos mal, porque si no, dado que pasé mucho más tiempo de lo previsto, me hubiera resultado complicado!

A Novalja, pueblito costero de la isla de Pag donde estaba Casa La Cha Hostel & Bar, llegué porque la dueña fue amabilísima por What’sApp, y accedió a recepcionarme un paquete (Holafly, una compañía de tarjetas SIMs para uso en el extranjero se había interesado por mi proyecto y me mandaban material para probarlo y publicitarlo) en caso que llegara antes que yo. En el momento que puse un pie ahí me encantó: tenía playa y campo para aburrir, eso sí, era todo un pueblo vacacional fuera de temporada: multitud de bares, tiendas y locales dedicados al turismo tenían sus puertas cerradas. Además no había mucha gente por las calles (nada de turismo, sólo algunos locales). Así que senté lo que yo creía mi rutina por allí: me fui a la playa a tomar el sol y a leer y luego paseé viendo atardecer.

Pero las cosas no siempre salen como te las imaginas: en lugar de pasar 2 noches por allí, acabé pasando 6, y de los 7 días en que estuve allí, ¡me llovieron todos menos el primero!

Pero dicho esto, torné a una rutina también bastante agradable: aproveché para escribir en ese estupendo hostel, ví más de una peli en Netflix y, aunque el tiempo no se andaba con tonterías (a partir de entonces me he empezado a replantear conseguir un buen abrigo), pude salir a correr mis 15K todos los días. Además otra tarea rutinaria que adquirí fue ir a correos todas las mañanas a ver cómo iba el paquete, que se estaba retrasando mucho más de lo previsto.

Vistas de Novalja

Cuando un buen día el operario, Aldo, vio mi desesperación al decirme que mi correo estaba por Alemania y que tardaría mínimo 5 días más en llegar, tomó cartas en el asunto y me echó un buen cable: se comprometió a reenviarmelo a Zagreb nada más lo recibieran. A mí se me cambió la cara: me hizo feliz porque eso significó que podía continuar mi aventura. Sin perder tiempo (bueno y porque no había otro), cogí un ferry al día siguiente a las 6am del día rumbo Rijeka: la puerta para pasar a Istria 🙂

Trogir y Sibenik, dos ciudades históricas con mucho encanto

2.453K corridos, 322 días viajando

Una vez se me despedí de los argentinos, pillé un bus rumbo a Trogir, una pequeña ciudad amurallada que prometía ser muy bonita. ¡Y acerté! En casi todo, jeje, porque cuando llegué allí los dos únicos hostels estaban cerrados :S Asique me tocó ir preguntando precios de habitaciones de hotel, y cuando casi me di por vencida y pensaba pagar los 40€ de rigor, encontré Rosso Rooms, donde la familia que lo regentaba me hizo el favorazo de dejarme la habitación individual por 100HRK (unos 13€). ¡Perfecto!

Trogir es un pueblo pequeño, amurallado, cuya particularidad es que está en una isla que conecta otra (Ciovo) y la costa croata por sendos puentes. La decoración de las calles recuerda a Split y a Dubrovnik: todas muy bien cuidadas y limpias, y de piedra caliza clara. Después de recorrérmela y pasar un día relajado en la playa, cogí un bus, esta vez dirección a Sibenik.

A destino llegué de nuevo por la noche, pero esta vez con hostel reservado 😉 Además, me tocó uno buenísimo, Hostel Globo, a los pies de la estación de buses. Tanto me gustó (bueno esque estaba súper nuevo y tuve la suerte de tener la habitación sóla para mí) que cambié planes y me quedé una noche más de lo previsto.

Me dio tiempo a vagar por las calles (otra vez, ciudad amurallada y de piedra caliza clara), a caminar por el paseo marítimo, a echar el rato tranquilamente en la playa y ¡por supuesto a correr mis 15K!

Después de éstos sitios fui a pasar la siguiente noche a Zadar (ya vieja conocida, pero no corrida) para tomar un bus que me llevaría a mi siguiente destino: la isla de Pag.

Speedy travel: Split, Brac, Plitvice Lakes y Zadar en menos de 5 días

2.359K corriendo, 315 días viajando

Desde Dubrovnik salimos en dirección Split el grupo de los 4: Eri, Leo, Fer y yo. Lo hicimos tranquilamente para coger un bus a las 18h, y ya sentamos las bases de cómo serían nuestras transiciones. Llegamos con apenas 8 minutos; en los que nos dió tiempo: a mí a ir al súper a comprar provisiones, a Eri a guardar bien al fondo de la mochila su pasaporte, a Fer a llegar a un kiosko a por snacks y a Leo a entrar al bus de los nervios porque estaba revisando la policía a los pasajeros y ninguno estábamos dónde nos correspondía. Bueno, si soy fiel a la verdad, era yo la única que faltaba, y Fer encima me llamó… Pero, ¡lo logramos! Llegamos a tiempo, y tras bajar a la bodega a recuperar el pasaporte de Eri (los policías lo revisaban porque para llegar a Split desde Dubrovnik teníamos que cruzar un minúsculo trozo de Bosnia-Herzegovina, y por tanto frontera) pudimos salir más o menos a la hora.

Cuando llegamos al apartamento nos dio tiempo a dormir y ya está (¡menos mal que compramos algo de provisiones!) y a planificar el plan del día siguiente: visita completa a Split y cogeríamos un ferry por la tarde dirección Brac.

Lo de visita completa se quedó en visita express, porque preferimos alargar la charleta (y los mates) mañanera y terminamos abandonando el apartamento casi a mediodía. ¡Pero Split lo vimos en un periquete! Paseamos por el interior del Palacio del Diocleciano y subimos a un parque a comer (Marjan park), descansar e incluso ¡esperar a que ondeara una bandera enorme de Croatia para la foto!

Llegamos (otra vez) de milagro al ferry, y luego nos instalamos en el apartamento y salimos a cenar dando con el único sitio abierto y que sería a partir de entonces nuestro bar de referencia. El día que pasamos en Brac fue estupendo: playa, fotos, paseos, piscina en el apartamento y helados… ¡Verano total! Eso sí, no perdoné correr y salí las 2 mañanas de rigor. Además me estoy acostumbrando a una cara costumbre: chapuzón en la pisci post rodaje 🙂

De allí salimos rumbo a Split para alquilar un coche y coger carretera hacia los Plitvice Lakes. Nos esperaba una casita de montaña perfecta, Apartment Franciska, donde los anfitriones, además de invitarnos a un par de chupitos nada más llegar, se ofrecieron a hacernos una cena típica para el día siguiente.

La tremenda cena que nos prepararon en Apartment Franciska

En contra de mis expectativas, el grupo resultó ser buenísimo incluso sobre terreno arenoso: al día siguiente recorrimos de arriba a abajo (literalmente) el parque, ¡nos pegamos una caminata de casi 20K! Los paisajes no nos dejaron indiferentes: los lagos con su intensísimo azul, las millones de cataratas de todos los tamaños y alguna que otra cueva hicieron que el haber pagado 200HRK (unos 30€) por entrar no nos dolieron (tanto). Además, ese día lo terminamos con la estupenda cena que nos tenían preparada, que no sé si es que realmente teníamos mucha hambre, o si nos abrieron el apetito las rondas previas de chupitos, o que eran unos cocineros estupendos, ¡pero nos supo a gloria!

Al día siguiente tocaron despedidas :S En primer lugar dejamos a Fer en el aeropuerto de Zadar, porque nos fue imposible convencerle para que perdiera ya un segundo vuelo (el primero e inicial salió sin él el día anterior desde Dubrovnik), pero mira que lo intentamos… Y la segunda fue de los argentinos, porque después de ver (un ratito) Zadar con su órgano marítimo (un órgano que suena gracias al movimiento del mar) y de tomar un helado (un ratazo), volvimos a Split para dejar el coche y decirnos adiós. ¡Pero estoy segura que no es la última vez que veo más estos chicos, porque hemos funcionado, a pesar de las transiciones, estupendamente!

¡Europa allá voy!

2.314K corridos, 310 días viajando

Empecé mi nuevo periplo por Croatia, sin mucha otra opción: América del sur cerrada a cal y canto por ésto del Covid-19 y Asia más o menos igual. La “Europa rica” también quedó descartada en un primer momento por restricciones presupuestarias 😉 asique empezar por el Este, con un soft-landing como Croatia (cuyas playas en setiembre y su paisaje mediterráneo) me parecieron una elección buena.

¡Y ciértamente fue un acierto! Nada más llegar a Dubrovnik, mientras esperaba el bus que me acercaría la city, pude contemplar los colores anaranjados de la puesta de sol y oler los pinos. Además, por la temperatura supe dos cosas, una buena y una mala. La buena: ¡verano total en Dubrovnik, viva!; y la no tan buena: ¡mierda, mi mochilita estaba hecha para el frío! En fin, algo encontraría…

Tras mucho meditar si hostel o habitación privada, me decanté por hostel desoyendo los consejos de mi amiga Noelia, que como médico está muy concenciada del virus. Pero lo hice, además de por la pasta, porque supe que en Croacia había muchísimos menos casos, y porque la posibilidad que tenía era coger habitación sin baño, lo cuál no sé hasta qué punto resolvía el problema. El caso es que, a pesar de que estuviera el hostel hasta arriba creo que fue una buena decisión: ¡el virus era tan remoto por aquí que los croatas no usaban ni mascarillas! Menudo gustazo poder andar sin bozal 🙂

En el hostel tuve sensaciones encontradas. Por un lado me llevé una buenísima al principio porque me acogieron muy cariñosamente una simpática pareja de argentinos (Erica y Leo). Pero por otro lado, nos recomendaron a mí y a otro español (Fer) que pilláramos cama dónde pudiéramos: ¡qué esperar del alojamiento más barato de Dubrovnik, jajajaj! ¡Espero tener el valor de confesarle a mi padre que no he explicado ni a los dueños ni a los huéspedes quién era Isabel La Católica, que es así cómo se llamaba el sitio y mi padre al saberlo estaba muy interesado en que adoctrinara al personal!

Hice muy buenas migas con el grupete de los argentinos y el español, y compartimos más de un velada (nada más llegar la primera) y días de playa. Las playas por allí eran de guijarros o incluso de cemento, pero acondicionadas con escaleras para poder subir y bajar al azulísimo y turquesísimo mar 🙂 ¡La dolche vita vaya!

Además, había una caminata al punto más alto, el SDR, desde donde podías ver la panorámica de la ciudad vieja. También había por supuesto la opción para los burgueses de subir en teleférico, pero no seré yo quien la recomiende: mucho mejor andar y probar la forma física de tu compi. Fer en este caso dio la talla pero bien, ¡buen fichaje para futuras aventuras!

Vistas de la ciudad vieja desde el SDR

Otro buen fichaje fue Óscar, el voluntario colombiando del hostel. Nos ayudaba a decidir planes y playas e incluso un día se vino a correr conmigo. ¡Estaba fuerte, jajajjaja, pero sobre todo se conocía una ruta chulísimas que iba bordeando la costa!

Con Óscar after running

Además de paseos y demás (helados incluídos), hicimos planes para ir juntos los cuatro a Split, después de follones intentando buscar barcos en bus, ¡asique no creo que sea la última vez que escriba de ellos en el blog!

Con Fer, Erica y Leo en las murallas