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Bel(én)grado

2.876K corridos, 346 días viajando

A pesar de haber llegado a Belgrado por aire (muy a mi pesar, porque creéme que intenté de todas las maneras posibles que me devolvieran el dinero del billete al enterarme de que había un bus directo desde Ljubljana, pero no hubo manera), mis primeros pasos en la ciudad no pudieron empezar mejor. Nico, el dueño del hostel me dijo por What’sApp que si quería meterme en cultura serbia tenía que coger desde el aeropuerto el bus 72 y que por ser domingo por la tarde no había controles, asique era gratis. ¡Empezaba bien la aventura!

Asique siguiendo sus consejos llegué al NaPark, un hostel donde me sentiría cómo en casa. Nico me esperaba y me ofreció un té que acepté de buen grado. Además, a pesar de ser atas horas de la noche, Valya (otro huesped ruso que llevaba por allí más de un año) se sumó al coloquio. ¡Bien!

Les pregunté (por supuesto) por dónde correr al día siguiente, y además anuncié la llegada de Belén, que llegaba por la mañana. Al minuto me ofrecieron la habitación de la segunda planta sólo para nosotras… ¡Increíble la hospitalidad serbia!

A Belén la conocí en Thabarwa (si quieres, te recomiendo leer Thabarwa: come, reza, ama para enterarte bien), haciendo un voluntariado en un monasterio budista. Desde entonces estuvimos en contacto, porque ella (viajera y argentina) también había pasado la cuarentena en Thailand, y aunque luego se había dedicado a destinos más europeos (España entre otros), nos cuadró hacernos juntas Serbia. ¡Yija, encima por esas tierras con amiga!

Cuando llegó nos dimos cuenta que llevábamos más o menos el mismo ritmo de viaje: slow 😉 Asique gastamos nuestro tiempo en Belgrado en poner lavadoras, compartir birras con nuestros huéspedes y tomar el sol (y algún que otro capuchino) en la city. ¡Ah, e hicimos un free tour por si luego nos preguntaban la lección! Y ojo, que mereció mucho la pena, sobre todo por Mijaíl el guía, un profe de historia que nos hizo muy amena la visita.

Además, se nos ocurrió para entretenernos mientras esperábamos a Fer (que lo conocerás de mis post ¡Europa, allá voy!), irnos un par de días a Novi Sad, la segunda población de Serbia en cuanto a importancia y habitantes.

La población está a unos 100K de Belgrado, a hora y media de bus. Allí, además de ver la ciudad, fuimos a un fuerte donde vimos uno de los atardeceres invernales más espectaculares hasta la fecha. Porque no te he comentado hasta ahora, pero ¡qué suerte tuvimos con el tiempo! ¡Sol e incluso manga corta!

Fuerte de Novi Sad

Después de recorrerlo de arriba a abajo, volvimos a nuestra querida Belgrado, y además de cafés, birras, y lavadoras tuve tiempo para probar con Vaya una clase de boxeo. Se lo agradecí mucho, a pesar de que luego mis 15K me costaron mucho más que de costumbre, ¡y a pesar de que aún me duelen los meñiques de pegar al saco! Y en éstas estábamos cuando llegó Fer…

Fantástico lago Bled

2.824K corridos, 341 días viajando

Después de Ljubljana, decidí (por las inclemencias del tiempo) irme a la costa eslovena: Piran. El país cuenta con un trocito de mar (apenas 47K), que prometía temperaturas más saves que el interior. ¡Me encantó pasar por ahí! Y encima logré despistar el temporal: a pesar de que llegué y no pude salir del hostel ni para cenar de la que estaba cayendo, al día siguiente corrí pegadita de nuevo a la costa para recordar tierras croatas.

Pero además, vinieron muy buenas noticias: ¡el tiempo mejoraba! Asique me puse rumbo al lago Bled, que era lo que quería hacer desde que llegué a Slovenia. El lago yo lo conocía por imágenes, y nada más puse un pie por allí, ¡no me decepcionó! Y eso que llegué por la noche…

Vistas del lago Bled

El lago Bled es impresionante, una postal en toda regla. Tiene las montañas (cuando yo estuve por allí estaban nevadas) al fondo, y una isla en el centro con una iglesia. Los colores son intensos: azules en el lago, verde en la naturaleza y el blanco de la nieve. Los alrededores también merecen un paseo (o una mñana corriendo).

Mis días por allí transcurrieron tranquilamente, y los estupendos paisajes del lago y de los alrededores hicieron que me quedara más de lo previsto 😉 Además, pude probar la estupenda Kremna Rezina, una tarta de crema y nada que hacen los locales como especialidad, ¡una delicia en toda regla!

Para acaramelar más el asunto, tuve la suerte de que Iñaki Makazaga me entrevistó en su programa Piedra de Toque. Puedes oir el podcast aquí, ¡con inyección de energía garantizada! En el programa (bien concido entre los viajeros), Iñaki entrevista a un viajero o a alguien que tenga una historia que contar relacionada con aventura. En mi caso, me encantó compartir con los oyentes mis últimos pasos por los Balcanes, a pesar de que Makazaga me examinara sobre mis lecturas… Jajajajja, menos mal que me supe la lección (porque es una pregunta recurrente y porque, gracias a mi padre, desde que estoy de viaje procuro esforzarme en el asunto de leer), y le conté Fantasmas Balcánicos, de Kaplan, ¡creo que aprobé y con nota!

Lago Bohini

Además, en mi tiempo por allí descubrí que hay otro secreto cerca de Bled: el lago Bohini. Allí fuí para hacer un trekking fenomenal: alrededor del lago (unos 12K) y luego acercarme a unas cascadas (Mostica). ¡Fue un paseo, fenómeno!

Y mis últimos pasos por Slovenia, fueron en Idrija, una localidad minera al sur de Ljubljana. Por allí me dediqué a correr por el río, asique ¡la visita mereció la pena! Y pude probar el Prevoz (el Blablacar esloveno), asique ¡éxito por todos lados! ¿Próxima aventura?

De capi a capi: paseo por Ljubljana

2.758K corridos, 335 días viajando

A Ljubljana llegué tras apenas 2 horas de bus (ésto de desplazarse por Europa es comodísimo) y con muchas ganas de ver la city, porque hacía solete y las callejuelas prometían.

Total, que dejé el macuto en el hostel y salí a juntarme con Pablo, de Mundo Adro (si no has visto la entrevista que me hizo en su canal de YouTube, puedes hacerlo aquí) y con su amiga Paz. Tras muchas risas y alguna que otra birra 😉 salimos a conocer la ciudad, cortesía de Paz.

Subimos al castillo de Ljubljana, porque desde allí arriba las vistas prometían. Claro que, como dimos con que estaban grabando un espectáculo justo en el punto de mejor visión de todo el complejo, no pudimos más que asomarnos un poquito. Bueno eso, agradecer al organizador la marihuana que nos ofreció “por las molestias” y volver al día siguiente a echar un ojo.

Paz, que hizo las veces de guía (e incluso de traductora) estupendamente, había pasado mucho tiempo por Eslovenia, por lo que conocía a la perfección la cultura del país y sabía bastante de los Balcanes (cosa que a mi me vino fenómeno, porque la freí a la pobre a preguntas). Pablo sin embargo me contó mucho de viajar y vivir de ello, tema en el que es experto (especialmente en furgoneta), asique también todos sus consejos fueron muy bien recibidos 🙂 Pero puedes ver cómo nos conocimos en Remando hacia la libertad.

Nuestro periplo terminó paseando por el río (Ljubljanica), que en el caso de Ljubljana es muy importante: la vida se monta entorno a él. Además, por ser una ciudad de tamaño reducido, todo es accesible a pie, y por tanto, el río siempre es buena referencia para orientarse.

Al día siguiente corrí mis 15K por un parque precioso adyacente a la ciudad: Tivoli. Me encantó sobre todo porque muches locales se acercaban allí a hacer deporte por la mañana, ¡este país parece que está concienciado con el deporte!

Mi última visita consistió en acercarme a la calle Metelkova, característica por sus pintadas en las paredes. ¡Un sitio que no te puedes perder si pasas por la capi! Y yo, ¡puede que repita, que aquí tengo que hacer transbordo de autobuses siempre en la city, y el sitio no pilla lejos de la estación!

Metelkova

Zagreb: una capital con mucho encanto

2.746K corridos, 334 días viajando

Como suele pasarme, pensé que varias noches en Zagreb eran muchísimo tiempo para una city. Pero tampoco tenía claro si iba a estar 5 o más, dependía de mi paquetitos (esperaba uno de Premax, una marca de cremas australiana, y mi paquete de Holafly, del que ya os hablé en mi post AtraPagda).

Fué una súper alegría y un buen comienzo que al día siguiente de llegar, ¡ya recibí las dos cajitas! Asique por esa parte no tenía que preocuparme… Además, el sitio prometía: el hostel era buenísimo (Hostel Bureau) y la gente de por ahí hispanohablantes en su mayoría 😉 Hice buenas migas con un chileno, Rubén, con el que a partir de encontrarnos en la habitación, hicimos casi todos los planes (hasta corrió el último día) juntes.

El primer día, lluvioso, decidimos ir al Museum of Broken Relationships, un museo en el que exponen objetos donados que supuestamente se queda la otra parte (antes de donarlos) después de una ruptura; y tienen un cartelito con la explicación del objeto. Además, no siempre se trata de relaciones amorosas: hay filiales, de amistad o incluso relaciones con une misme. Habría muchos objetos que me llamaron la atención, pero particularmente me gustó un vestido de novia y sus zapatos, pero por la historia que tenía. Resumiendo, la chica (la dueña del vestido) había conocido a su pareja y, a pesar de que el entorno dudaba de el chico, acabó casándose con él a los 6 meses. Duraron poco menos que otros 6 de casades, porque acabó descubriendo que era falso todo lo que conocía de su amor: no tenía el trabajo que decía, estaba involucrado en mafias y drogas, y tenía una amante entre otros muchos datos oscuros. Pero el texto acaba diciéndo “pero yo el día de la boda, con ese vestido y esos zapatos me sentí espectacular”.

El vestido de novia y los zapatos que más me gustaron del museo

Otro día fuímos al Mercado Dole a pasar la mañana, con la excusa de que era barato comprar ahí (creo no mercamos más que medio kilo de uvas y 3 tomates). Lo mejor del plan: el cafetín al solete de después 🙂

Las tardes yo las pasaba haciendo mis últimos kilómetros corriendo en Croacia: otra de las cosas positivas de la city es la cantidad de parques que tiene. Además, a poco que te alejas, parece, por la vegetación (grandes árboles y caminos de tierra), que estás en el bosque. ¡Me encantaba correr por ahí! Pero no era yo la única: los locales se acercaban por las tardes a hacer algo de ejercicio o simplemente para pasear.

Parque en los alrededores de Zagreb

Y el día que a mi más me gustó fué cuando fuimos de trekking a Samobor. Samobor es un pueblo que está a 45 minutos en bus de Zagreb, y cuenta con un parque nacional. Cuando llegas, si sigues el río, te encuentras marcadas varias rutas, pero ¡ojo! que se te puede ir de las manos, como a nosotres, y acabar haciendo casi 25K 😉 Pero sino te quieres perder, puedes ver la ruta que hicimos en Wikiloc.

En fin, ha sido un gustazo y me quedo con muy buen sabor de boca de Croacia, y ¡espero tanto volver pronto como que no sea la última vez que coincido con Rubén!

Más romano que en Italia y otras contradiciones

2.672K corridos, 328 días viajando

Rijeka es el mayor puerto de Croatia y la tercera ciudad por número de habitantes del país. Pero además, ¡es una ciudad estupenda! Tiene un tamaño perfecto y unos alrededores fenomenales para correr o incluso hacer un trekking.

Una noche por allí me permitió conocer sus calles, plazas, puerto y caminos, ¡e incluso pude ir a un cine alternativo (y gratuíto) en el que los subtítulos estaban en inglés! Claro, que fue tan alternativo que no me enteré ni con subtítulos 🙂 Eso sí, mereció mucho la pena la experiencia porque la sala era antigua, con paredes y butacas granates y aterciopeladas, y ornamentación dorada. ¡Un auténtico cine de época croata!

Pula, por el contrario era una ciudad mucho más pequeña. Es la población más importante de Istria, provincia al noroeste del país y la más cercana a Italia. ¡Y vaya si recuerda a Italia! Nada más bajé del bus, pasé al lado de un anfiteatro romano muy bien iluminado ¡que poco tiene que envidiar al mismísimo Coliseo! Bueno eso o estaba muy cansada y aluciné un poco con lo que ví 😉

El anfiteatro de Pula

Mis sensaciones sin embargo fueron agridulces.

Por un lado, llegué a un hostel en el que me dieron la (dudosamente limpia) manta de la cama de al lado y en el que no había ni papel higiénico en el baño (reconozco que me he aburguesado, porque en Asia eso era la norma). Pero por otro lado, no me tuvo que disgustar tanto cuando amplié estancia y a final fueron 3 días los que pasé allí.

También por un lado, Mihail (otro de los huéspedes con el que compartía habitación de orígen bosnio) me pareció de lo más oscuro que me había encontrado hasta la fecha y no me hacía ninguna gracia compartir habitación sólo con él. Fumaba y olía mucho a tabaco, era de movimientos bruscos y su ropa y él mismo olían bastante fuerte. Por otro lado, como tuvo el gesto tremendamete amable de dejarme sus zapatillas de estar por casa, me arrepentí mucho de los prejuicios que había tenido con él.

En parte, quise ver rápido la ciudad (con las ruinas y el anfiteatro me di por satisfecha), pero por otra parte, no quise que acabara mi estancia por allí, en particular el primer día, porque conocí a Pablo (lingüista de profesión, polaco de nacionalidad y que venía de Alemania), con el que pude compartir un día que empezó con visita cultural por la city, siguió con irnos a correr al sur de la ciudad (a la península de Premantura) y terminó con una birra en el parque.

Por un lado, me llovió constantemente el segundo día de mi estancia por allí; pero por otro conocí un pueblo que se llama Rovinj ¡y es de lo más bonito del país!

En definitiva: sensaciones muy encontradas más de una vez. ¡Pero esque de eso se trata! ¿No?

AtraPagda

2.535K corridos, 325 días viajando

La isla de de Pag fue mi siguiente destino después de Sibenik, con una escala en Zadar para hacer noche (y correr). El bus, de hora y media, me introdujo los paisajes que vería en unos días adelante: piedra caliza por todas partes y en muchos sitios poca vegetación hacían del paisaje un sitio único (daba la impresión de estar en la luna).

El sitio donde me alojé, una casona a los pues de la playa, Casa La Cha Hostel & Bar fue por entonces lo mejor que ví en Croacia: jardín y cocina insuperables, y una decoración acertada y moderna. Además, el hecho de estar sóla en una cómoda habitación de 4, con terraza y vistas al mar, hicieron que mis días por allí fueran de lo más cómodos. ¡Menos mal, porque si no, dado que pasé mucho más tiempo de lo previsto, me hubiera resultado complicado!

A Novalja, pueblito costero de la isla de Pag donde estaba Casa La Cha Hostel & Bar, llegué porque la dueña fue amabilísima por What’sApp, y accedió a recepcionarme un paquete (Holafly, una compañía de tarjetas SIMs para uso en el extranjero se había interesado por mi proyecto y me mandaban material para probarlo y publicitarlo) en caso que llegara antes que yo. En el momento que puse un pie ahí me encantó: tenía playa y campo para aburrir, eso sí, era todo un pueblo vacacional fuera de temporada: multitud de bares, tiendas y locales dedicados al turismo tenían sus puertas cerradas. Además no había mucha gente por las calles (nada de turismo, sólo algunos locales). Así que senté lo que yo creía mi rutina por allí: me fui a la playa a tomar el sol y a leer y luego paseé viendo atardecer.

Pero las cosas no siempre salen como te las imaginas: en lugar de pasar 2 noches por allí, acabé pasando 6, y de los 7 días en que estuve allí, ¡me llovieron todos menos el primero!

Pero dicho esto, torné a una rutina también bastante agradable: aproveché para escribir en ese estupendo hostel, ví más de una peli en Netflix y, aunque el tiempo no se andaba con tonterías (a partir de entonces me he empezado a replantear conseguir un buen abrigo), pude salir a correr mis 15K todos los días. Además otra tarea rutinaria que adquirí fue ir a correos todas las mañanas a ver cómo iba el paquete, que se estaba retrasando mucho más de lo previsto.

Vistas de Novalja

Cuando un buen día el operario, Aldo, vio mi desesperación al decirme que mi correo estaba por Alemania y que tardaría mínimo 5 días más en llegar, tomó cartas en el asunto y me echó un buen cable: se comprometió a reenviarmelo a Zagreb nada más lo recibieran. A mí se me cambió la cara: me hizo feliz porque eso significó que podía continuar mi aventura. Sin perder tiempo (bueno y porque no había otro), cogí un ferry al día siguiente a las 6am del día rumbo Rijeka: la puerta para pasar a Istria 🙂

Trogir y Sibenik, dos ciudades históricas con mucho encanto

2.453K corridos, 322 días viajando

Una vez se me despedí de los argentinos, pillé un bus rumbo a Trogir, una pequeña ciudad amurallada que prometía ser muy bonita. ¡Y acerté! En casi todo, jeje, porque cuando llegué allí los dos únicos hostels estaban cerrados :S Asique me tocó ir preguntando precios de habitaciones de hotel, y cuando casi me di por vencida y pensaba pagar los 40€ de rigor, encontré Rosso Rooms, donde la familia que lo regentaba me hizo el favorazo de dejarme la habitación individual por 100HRK (unos 13€). ¡Perfecto!

Trogir es un pueblo pequeño, amurallado, cuya particularidad es que está en una isla que conecta otra (Ciovo) y la costa croata por sendos puentes. La decoración de las calles recuerda a Split y a Dubrovnik: todas muy bien cuidadas y limpias, y de piedra caliza clara. Después de recorrérmela y pasar un día relajado en la playa, cogí un bus, esta vez dirección a Sibenik.

A destino llegué de nuevo por la noche, pero esta vez con hostel reservado 😉 Además, me tocó uno buenísimo, Hostel Globo, a los pies de la estación de buses. Tanto me gustó (bueno esque estaba súper nuevo y tuve la suerte de tener la habitación sóla para mí) que cambié planes y me quedé una noche más de lo previsto.

Me dio tiempo a vagar por las calles (otra vez, ciudad amurallada y de piedra caliza clara), a caminar por el paseo marítimo, a echar el rato tranquilamente en la playa y ¡por supuesto a correr mis 15K!

Después de éstos sitios fui a pasar la siguiente noche a Zadar (ya vieja conocida, pero no corrida) para tomar un bus que me llevaría a mi siguiente destino: la isla de Pag.

Speedy travel: Split, Brac, Plitvice Lakes y Zadar en menos de 5 días

2.359K corriendo, 315 días viajando

Desde Dubrovnik salimos en dirección Split el grupo de los 4: Eri, Leo, Fer y yo. Lo hicimos tranquilamente para coger un bus a las 18h, y ya sentamos las bases de cómo serían nuestras transiciones. Llegamos con apenas 8 minutos; en los que nos dió tiempo: a mí a ir al súper a comprar provisiones, a Eri a guardar bien al fondo de la mochila su pasaporte, a Fer a llegar a un kiosko a por snacks y a Leo a entrar al bus de los nervios porque estaba revisando la policía a los pasajeros y ninguno estábamos dónde nos correspondía. Bueno, si soy fiel a la verdad, era yo la única que faltaba, y Fer encima me llamó… Pero, ¡lo logramos! Llegamos a tiempo, y tras bajar a la bodega a recuperar el pasaporte de Eri (los policías lo revisaban porque para llegar a Split desde Dubrovnik teníamos que cruzar un minúsculo trozo de Bosnia-Herzegovina, y por tanto frontera) pudimos salir más o menos a la hora.

Cuando llegamos al apartamento nos dio tiempo a dormir y ya está (¡menos mal que compramos algo de provisiones!) y a planificar el plan del día siguiente: visita completa a Split y cogeríamos un ferry por la tarde dirección Brac.

Lo de visita completa se quedó en visita express, porque preferimos alargar la charleta (y los mates) mañanera y terminamos abandonando el apartamento casi a mediodía. ¡Pero Split lo vimos en un periquete! Paseamos por el interior del Palacio del Diocleciano y subimos a un parque a comer (Marjan park), descansar e incluso ¡esperar a que ondeara una bandera enorme de Croatia para la foto!

Llegamos (otra vez) de milagro al ferry, y luego nos instalamos en el apartamento y salimos a cenar dando con el único sitio abierto y que sería a partir de entonces nuestro bar de referencia. El día que pasamos en Brac fue estupendo: playa, fotos, paseos, piscina en el apartamento y helados… ¡Verano total! Eso sí, no perdoné correr y salí las 2 mañanas de rigor. Además me estoy acostumbrando a una cara costumbre: chapuzón en la pisci post rodaje 🙂

De allí salimos rumbo a Split para alquilar un coche y coger carretera hacia los Plitvice Lakes. Nos esperaba una casita de montaña perfecta, Apartment Franciska, donde los anfitriones, además de invitarnos a un par de chupitos nada más llegar, se ofrecieron a hacernos una cena típica para el día siguiente.

La tremenda cena que nos prepararon en Apartment Franciska

En contra de mis expectativas, el grupo resultó ser buenísimo incluso sobre terreno arenoso: al día siguiente recorrimos de arriba a abajo (literalmente) el parque, ¡nos pegamos una caminata de casi 20K! Los paisajes no nos dejaron indiferentes: los lagos con su intensísimo azul, las millones de cataratas de todos los tamaños y alguna que otra cueva hicieron que el haber pagado 200HRK (unos 30€) por entrar no nos dolieron (tanto). Además, ese día lo terminamos con la estupenda cena que nos tenían preparada, que no sé si es que realmente teníamos mucha hambre, o si nos abrieron el apetito las rondas previas de chupitos, o que eran unos cocineros estupendos, ¡pero nos supo a gloria!

Al día siguiente tocaron despedidas :S En primer lugar dejamos a Fer en el aeropuerto de Zadar, porque nos fue imposible convencerle para que perdiera ya un segundo vuelo (el primero e inicial salió sin él el día anterior desde Dubrovnik), pero mira que lo intentamos… Y la segunda fue de los argentinos, porque después de ver (un ratito) Zadar con su órgano marítimo (un órgano que suena gracias al movimiento del mar) y de tomar un helado (un ratazo), volvimos a Split para dejar el coche y decirnos adiós. ¡Pero estoy segura que no es la última vez que veo más estos chicos, porque hemos funcionado, a pesar de las transiciones, estupendamente!

¡Europa allá voy!

2.314K corridos, 310 días viajando

Empecé mi nuevo periplo por Croatia, sin mucha otra opción: América del sur cerrada a cal y canto por ésto del Covid-19 y Asia más o menos igual. La “Europa rica” también quedó descartada en un primer momento por restricciones presupuestarias 😉 asique empezar por el Este, con un soft-landing como Croatia (cuyas playas en setiembre y su paisaje mediterráneo) me parecieron una elección buena.

¡Y ciértamente fue un acierto! Nada más llegar a Dubrovnik, mientras esperaba el bus que me acercaría la city, pude contemplar los colores anaranjados de la puesta de sol y oler los pinos. Además, por la temperatura supe dos cosas, una buena y una mala. La buena: ¡verano total en Dubrovnik, viva!; y la no tan buena: ¡mierda, mi mochilita estaba hecha para el frío! En fin, algo encontraría…

Tras mucho meditar si hostel o habitación privada, me decanté por hostel desoyendo los consejos de mi amiga Noelia, que como médico está muy concenciada del virus. Pero lo hice, además de por la pasta, porque supe que en Croacia había muchísimos menos casos, y porque la posibilidad que tenía era coger habitación sin baño, lo cuál no sé hasta qué punto resolvía el problema. El caso es que, a pesar de que estuviera el hostel hasta arriba creo que fue una buena decisión: ¡el virus era tan remoto por aquí que los croatas no usaban ni mascarillas! Menudo gustazo poder andar sin bozal 🙂

En el hostel tuve sensaciones encontradas. Por un lado me llevé una buenísima al principio porque me acogieron muy cariñosamente una simpática pareja de argentinos (Erica y Leo). Pero por otro lado, nos recomendaron a mí y a otro español (Fer) que pilláramos cama dónde pudiéramos: ¡qué esperar del alojamiento más barato de Dubrovnik, jajajaj! ¡Espero tener el valor de confesarle a mi padre que no he explicado ni a los dueños ni a los huéspedes quién era Isabel La Católica, que es así cómo se llamaba el sitio y mi padre al saberlo estaba muy interesado en que adoctrinara al personal!

Hice muy buenas migas con el grupete de los argentinos y el español, y compartimos más de un velada (nada más llegar la primera) y días de playa. Las playas por allí eran de guijarros o incluso de cemento, pero acondicionadas con escaleras para poder subir y bajar al azulísimo y turquesísimo mar 🙂 ¡La dolche vita vaya!

Además, había una caminata al punto más alto, el SDR, desde donde podías ver la panorámica de la ciudad vieja. También había por supuesto la opción para los burgueses de subir en teleférico, pero no seré yo quien la recomiende: mucho mejor andar y probar la forma física de tu compi. Fer en este caso dio la talla pero bien, ¡buen fichaje para futuras aventuras!

Vistas de la ciudad vieja desde el SDR

Otro buen fichaje fue Óscar, el voluntario colombiando del hostel. Nos ayudaba a decidir planes y playas e incluso un día se vino a correr conmigo. ¡Estaba fuerte, jajajjaja, pero sobre todo se conocía una ruta chulísimas que iba bordeando la costa!

Con Óscar after running

Además de paseos y demás (helados incluídos), hicimos planes para ir juntos los cuatro a Split, después de follones intentando buscar barcos en bus, ¡asique no creo que sea la última vez que escriba de ellos en el blog!

Con Fer, Erica y Leo en las murallas

Cierro capítulo :S pero no libro ;)

2.371K corridos, 300 días viajando

Particularmente no me gustan las despedidas ni cerrar las cosas, ¡pero a veces es lo que toca! Ahí va la mía, aunque no es un adiós si no un hasta luego.

Me despido de mis 34 (mi cumple fue el 1 de agosto) y de ser de senior para competir. Gracias porque he conseguido en este tiempo innumerables trofeos, aún siendo la categoría más amplia que hay (normalmente entre 18 y 34) y he disfrutado muchísimo de correr este tiempo.

Me despido de Mae Hong Son, de Tailandia, de Asia y del viaje. Ha sido una experiencia increíble, y éstos últimos 5 meses en especial, en los que el mundo ha estado patas arriba yo he vivido un confinamiento de cuento: primero en playas paradisíacas y luego pedaleando por todo el país. ¡Qué suerte!

Me despido de Ferran. Hemos pasado juntos un tiempo genial, desde que coincidimos en Myanmar hasta que cogí el bus Mae Hong Son – Bangkok. Además de dar gracias por ello, y de ser consciente de la suerte que hemos tenido al conocernos, me grabo en la memoria de los mejores momentos que he tenido en el viaje: ¡qué bueno habernos conocido!

Pero ésto es el final de un capítulo, no del libro: ¡veteranas preparaos que os voy a dar guerra, que con 35 estoy hecha una jabata! ¡Viaje (¿y por qué no Asia?), ésto no ha acabado, que es un break y en septiembre estoy de nuevo con la mochila a la espalda! Y Ferran, estoy segura de que no es la última vez que apareces en mi blog 😉