Dos nuevas experiencias: espectáculo con fuego y setas :)

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En el Paradise backpackers organizaban los domingos un espectáculo de fuego por la noche, que pese a costar 100THB nos habían recomendado mucho. Cuando entramos por la puerta y sólo nos cobraron 50THB por cabeza nos pusimos muy contentos, ¡la verdad es que no íbamos muy convencidos!

Vimos el escenario iluminado al fondo (¡escenario y todo!) y a los malabaristas ensayando con luces. Pero cuando empezó… ¡Guauuuuuuu! Era un circo en toda regla, con al menos 5 números y más de 20 artistas participando: bailarinas con antorchas, malabaristas con pelotas de fuego e incluso uno que la función la hacía subido a una rueda eléctrica. Además de aplaudir hasta desgastarnos las manos, dejamos los otros 50THB de propina, ¡porque de verdad el trabajo de los artistas lo merecían! Más tarde nos enteramos que mucha gente trabaja en el circo va a Pai a practicar, y es por eso por lo que Los espectáculos de este tipo son tan buenos.

Otro día en Pai comimos setas. La tarea se propuso ardua al principio, no por masticarlas (que también) si no por conseguirlas: compramos primero un paquetito a una señora que nos recomendaron y estaba por la carretera vendiendo, pero fue un fracaso: no sé si es porque compartimos la ración o por qué, pero el caso es que no nos subieron nada (menos mal que habíamos regateado). Nuestro segundo proveedor nos vendió setas frescas y el tío nos dijo qué volviéramos a contarle la experiencia. A modo de regateo, le ofreciomos todo lo que llevábamos en la cartera (menos de lo que él nos pedía), y aceptó sonriendo: creo que estaba disfrutando sólo con saber el viaje que nos iba a pegar.

Y así fue: al día siguiente tranquilamente en el Paitopia sin haber comido en las dos últimas horas, nos las empujamos con chocolate negro. No tardaron mucho en hacer efecto… La naturaleza, las nubes, todo empezó a coger un color súper intenso. Las alucinaciones más fuertes fueron en la tumbona, dónde colores y formas se mezclaban y yo veía pixelado. Además el tiempo se difuminaba: no sabías si había estado allí horas, días o meses. Después en la habitación (moverse fue complicado, porque era como estar borrachísima), el efecto no sé pasó hasta mucho después (12h), a pesar de haber comido y bebido. Las experiencias sensoriales como tocar algo suave o algo elástico eran estupendas, e incluso mi voz recuerdo me sonaba diferente. ¡Recomiendo a todo el mundo, aunque sea una vez en la vida, probarlas!

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