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Kilómetros para el mundo en SER Aventureros

Décima semana
1.977K corridos, 236 días viajando

En cuarentena

En la España confinada, la gente además de estar más activa en redes sociales, hacer deporte y cocinar, escuchaba más la radio que nunca (pese a que la temática era homogénea: el Covid-19). La emisora más escuchada fue Cadena SER (aunque esto no es novedad de tiempos de pandemia), con más de 4 millones de personas que a diario sintonizaban el transistor para oirla. Además de en directo, las radios ponían a disposición desde hace tiempo el formato podcast, que mucha gente que prefiere “radio a la carta” consume.

Por cuarta semana consecutiva, las cifras iban a mejor: los casos totales ascendían el domingo a 282.852 los muertos a 28.752. ¡Además muchas Comunidades, entre ellas Madrid, ya IBAN a pasar a Fase 1, y había sitios en los qué incluso estaban en Fase 2!

En el exilio

El notición de la semana fue que ¡me entrevistaron en SER Aventureros! El programa está dirigido por José Antonio Ponseti, y cuenta con secciones fijas lideradas por estupendos (y míticos) locutores: Carlos Barrabés, que además de poner sabiduría y sensatez habla de temas de actualidad (y si tienen que ver con la montaña mejor), Jon Vispe, un loco muy cuerdo que, desde Australia retransmite y zurra a todo el que se le pone por delante (pero en lugar de por ello suscitar rechazo, todo el mundo le tiene un tremendo cariño), José Luis Angulo que habla además de viajes de libros (para viajar desde el sofá), y Alfonso Ojea que habla de la nieve y sus mieles. Además, siempre participa como tertuliano Ángel Colina cuya misión, además de participar en la entrevista del viajero invitado y aportar interesantes apuntes a todos los temas que se despachan, es la de defender a él y a todos sus compañeros (Ponseti incluído) de los latigazos que da Vispe. En el aire 😉 conté mi proyecto, y tanto Ponseti como Ángel y José Luis fueron simpatiquísimos conmigo: les pude dar a ellos y a los oyentes algunas pinceladas de kilómetros para el mundo y nos reímos, entre otras cosas, de la prohibición, como medida tailandesa de confinamiento, de la venta de alcohol en el país y de mi abstención cervecera de los últimos tiempos. Además, al final me dijeron que me seguirían (o perseguirían) la pista, por lo que no creo que sea la última vez que charlemos… Por eso y porque, ahora ya sí que sí tengo el título de aventurera oficial y convalidado por la SER: en La ventana de los viajes (sección del programa La ventana, también de Cadena SER, que trata la temática de viajes) Paco Nadal dijo de mí que era una aventurera, y ¡ahora ya he participado en SER aventureros!¡Ya no hay duda al respecto, soy una verdadera aventurera!¡¡Muchas muchas gracias Ponseti por haberme invitado al programa!!

https://play.cadenaser.com/audio/001RD010000005999354/

Además, también fue divertido que ¡conseguí realizar el Reto Forrest Gump (que consistía en ir de costa Oeste a costa Este de la isla)! Estaba claro que lo iba a lograr: Eran 10K (aunque con desnivel), la duda era: ¿en cuánto tiempo? Tardé 50′, y como no me quedé muy satisfecha :S ¡hice la vuelta también corriendo! Eso sí, me reventé, ¡que la primera parte, aunque en tiempo no sé notó, la corrí a tope pensando que sólo eran 10K!

Respecto a los datos, sigue sin haber muertos desde la semana pasada (sigue la cuenta en 56) y el número de infectados ascendió a 3.040 (9 más). Aún así, las noticias siguieron sin desvelar si iban a relajar las medidas de emergencia (y, entre otras cosas, abrir de nuevo las fronteras interprovinciales para poder seguir ruta). ¿Seré libre de nuevo?

Un buen día

243K corriendo, 44 días viajando

Me levanto sin despertador, en una cama distinta casi todos los días. Bastante más incómoda que las últimas que probé por Madrid y la mayor parte de las veces, metida en mi saco sábana porque el sitio no promete no pegarme chinches, pulgas y demás.

Vagabundeo un poco para buscar dónde desayunar, si es que no lo he apalabrado en el hostel para que me bajen el precio de la habitación. En ese momento planifico con ViewRanger mi ruta a correr ese día, apoyándome en las recomendaciones locales o en la Lonely Planet. Escojo algo de como 14km sabiendo que me perderé y haré más, y no descarto tomar cualquier transporte por aquello de que el track sea más interesante. Miro a modo informativo el desnivel (porque aquí no sé cómo me lo monto, pero siempre me sale un huevo), paso por la habitación a equiparme: gorra, crema solar y cinturón Arch Max con el móvil, fotocopia del pasaporte, un trozo de papel higiénico (…) y 550NPR en dos billetes (un de 500 por si hay emergencia gorda y otro de 50 por si hay antojo pequeño de algo) y… ¡A correr!

Cada día es una historia nueva: paisaje nuevo, temperatura nueva, contratiempo nuevo… Casi siempre me sucede algo interesante en el camino y casi siempre tardo más de lo previsto, tanto a nivel de kilómetros como de tiempo: una vez ayudé a un taxista cuyo coche se había quedado atascado en el fango, otro día unos chavales me retaron y corrieron conmigo, otro día tuve qué correr por una calle que estaba inundada. Diferentes colores, olores y gentes qué hacen que tenga sentimientos enfrentados: por un lado, maldigo a mi teléfono o a mi cámara por no sacar todo el jugo a lo qué veo (sé que más temprano qué tarde conociéndome se me olvidará lo qué veo), pero por otro no puedo dejar de sonreir consciente de la libertad que tengo ahora para ampliar la ruta, sabiendo que (normalmente) no hay prisa y tampoco cansancio.

Pero no todo son alegrías, también hay piedras en el camino: a menudo calculo mal y temino exhausta y medio deshidratada, muchas veces planifico erróneo y me toca correr al do de polvorientas carreteras, otros días el atardecer amenaza con dar paso a la oscuridad de la noche.

Al acabar, ducha (comunitaria y fría la mayoría de las veces), agua y fruta y a buscar dónde comer… O a buscar algo interesante para ver o hacer (que la mayoría de veces me he encontrado por el camino de la mañana), cuando no tengo qué gestionar o preguntar el destino del día siguiente.

Por la tarde, recapitulo lo corrido con fotos, mapas y descripciones y lo subo a wikiloc, actualizo mi blog cuando procede y escribo un poco cuando me inspiro… Leo la revista de trail running qué me dejó mi hermano, la guía para planificar mis siguientes pasos, o el libro de “Correr, comer, vivir” que también me trajo y es de Ángel (el ebuelo, compi del equipo Myrmidons). A veces, cuando la conexión está buena, además de hablar con los míos incluso me bajo algún docu de viajes o de carreras 😉

El otro día mi madre me preguntó si me aburría con mi nuevo plan de vida… La verdad es que ahora que escribo esto, saco las siguientes conclusiones: mi vida ahora gira bastante en torno al running y al viaje, y va muy sobre la marcha… Pero sólo no me aburro, ¡me encanta!

Rafting en Bandipur

228K corriendo, 43 días viajando

La siguiente parada dentro del recorrido fue Bandipur, un pequeño pueblo medieval con unas cuevas interesantes. Llegar allí fue una aventura de por sí: Holly había marchado para allá el día anterior y con lo único que contaba para encontrar su alojamiento era con una foto de la puerta (jajajajaj, ya podía haberme enviado en lugar de eso la localización). Partí de Sauraha en el mismo bus que Rob, que iba hacia Kathmandu, para bajarme en la junta de la carretera principal (Mogling) y coger un bus dirección Pokhara, donde me apearía antes, en Dumbre para hacer mi última transición hacia Bandipur. Esta extraña combinación de buses la decidí así porque apuesto lor el transporte local: más barato, impredecible y divertido 😉 Todo fue como la seda hasta el último bus, que tuvimos que esperar a que se llenara para comenzar el viaje.

Una vez en el pueblo, preguntando llegué al sitio de la foto, y como Holly aún no estaba me cambié, dejé mi petate en su puerta (por fuera) y me fui a estirar las patitas: los 15km esta vez consistieron en llegar a Ramkot, un pequeño pueblo Newar muy auténtico con casas de adobe. Cuando me junté (por fin)con Holly, me enseñó el pueblo al completo, incluyendo el mejor sitio donde se hacen samozas (unas empanadillas triangulares rellenas de patata, curry y garbanzos, un poco picantes) y un mirador desde el que se ven los valles. Bandipur está en un alto que da a dos valles, cada cuál más verde y con terrazas de arroz. Dicen que desde el mirador se pueden ver los Annapurnas… Yo no tuve esa suerte, llegamos demasiado tarde arriba y el sol ya se había Escondido, pero la vista merece la pena aún así.

Ese mismo día nos contactó Gabi, porque había encontrando en Pokhara uma agencia que nos llevaba a hacer rafting al Tisuli. El paquete (baratísimo) incluía pasarnos a recoger por Dumre, llevarnos al punto de partida, la actividad y devolvernos a cada uno a su sitio (Gabi se volvía a Pokhara, Holly tenía que dormir en Kathmandu y yo volvía a Bandipur). Además, cuando llegamos al lujoso lodge del qué partiríamos en la balsa, como faltaba la mitad del grupo, se preocuparon mucho por nuestro bienestar: nos dieron un Dhal Bat estupendo de comer y nos dejaron esperar en la piscina ¡creo que no sabían lo poco que habíamos pagado!

El grupo eran 7 rumanas que sino fuera por la edad (unos 50) y porque no había novia, habríamos apostado a que eran una despedida de soltera. Nos separaron en dos barcas: una para nosotros tres y un chico de apoyo (claramente la balsa de los machacas) y la otra para las rumanas que querían remar poco y tomar mucho el sol.

Las 2h de rafting merecieron con creces la pena: el Tisuli es un río con aguas tranquilas, donde había que remar según las instrucciones del guía, pero con unos rápidos molones dónde los chillidos de las rumanas se oían desde la carretera. La actividad consiste en montar en una barca grande hinchable (la balsa) con capacidad para unas 8 personas más el guía, que se sienta en la parte trasera. Cada uno tiene un remo, un casco y un chaleco salvavidas, y sólo hay 4 instrucciones: forward (remar para alante), backward (remar para atrás), stop (parar de remar) y down (meterse agachado como se pueda en el centro de la barca pero procurando no dar un remazo al compañero). La sensación cuando se pasan los rápidos es fenomenal, aunque en ocasiones no te cabe duda de que la barca va a volcar… Lo cierto es que no volcamos (eso sí nos bajamos al agua un par de veces para refrescarnos y practicar volver a subir, que es lo más complicado de la operación) y cuando llegamos al punto final, a pesar del cansancio del brazo y de hacerlo con los labios morados y tiritando de frío, te quedas con ganas de alargar… ¡O repetir en otro momento!